El Celta ya tiene un puesto en la segunda ronda de la Copa de la Uefa, después de imponerse a domicilio al Rijeka en un encuentro en el que el cuadro gallego jugó mejor y más rápido que en el partido de ida disputado en Balaídos. Sin embargo, el tanto de la victoria se hizo de rogar y fue en la prórroga cuando Djorovic, a balón parado, le ajustó las cuentas a los croatas.
La primera mitad transcurrió por el camino previsto. El Rijeka saltó al contrataque en los primeros minutos, pero consciente de su inferioridad e incapaz de dar más de tres pases seguidos, decidió finalmente atrincherarse en su área y jugar a desesperar al Celta. El club gallego, en cambio, no perdía los nervios y trataba de irse al descanso con ventaja en el marcador. Y casi lo consigue. Un disparo de
Catanha desde fuera del área lamió el palo y un remate de Manolo a centro de Karpin a punto estuvo también de hacer diana. Pero los celestes no encontraron el gol y se fueron a vestuarios con empate a ceros.
El Celta mantuvo su dominio en el segundo tiempo, pero, al igual que sucedió en Balaídos hace quince días, tampoco consiguió afinar su puntería ante la meta contraria. Por un lado, porque el cuadro croata optó por relentizar el partido con repetidas faltas. Y por otro, porque los celestes acabaron jugando con más corazón que cabeza y cierto descontrol, a pesar de que entraron de refresco
Jesuli, McCarthy y Giovanela por
Catanha, Mostovoi y Manolo.
En esta segunda mitad, la ocasión más clara de alterar el resultado surgió de las botas McCarthy, con un vistoso remate de chilena, y de Doriva, con un balón que se estrelló en el poste. Pero el Celta volvía a fallar en su objetivo goleador y se vio obligado a jugar la prórroga. En el tiempo añadido el partido siguió por los mismos derroteros que hasta entonces. Pero como quien la sigue la consigue, el Celta consiguió decantar la balanza a su favor -y asegurarse su permanencia en la competición europea- con un tanto de Djorovic de falta.