JOSÉ ANTONIO SOROLLAI El Periódico de Catalunya.- La negativa de Aznar a abrir una investigación sobre las mentiras de la guerra de Irak y el linchamiento por parte del PP y de sus corifeos de Julio Medem y de Carod-Rovira forman parte de la misma política. Es la política que
Juan Luis Cebrián califica de "fundamentalismo democrático", pero que antes se llamó la política del todo vale y que se apoya en gran medida en un potente e incansable aparato de propaganda. Ya se sabe que la propaganda es el otro nombre que recibe habitualmente la mentira.
EDUARDO ZAPLANAI El portavoz del Gobierno centra la atención.
La mentira más repetida por los gobernantes españoles en relación a la guerra de Irak es la de que la coalición anglo-norteamericana actuó cumpliendo las resoluciones de las Naciones Unidas. Esta misma semana lo ha vuelto a decir Aznar cuando ha visto que hasta Bush y Blair han consentido la apertura de comisiones de investigación para averiguar, al menos, si los servicios de espionaje exageraron el peligro de las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Husein. Pero en España no ocurre nada porque aquí, según la tesis oficial, ni hubo informes del espionaje ni nada parecido. Aquí, por lo visto, lo que el presidente del Gobierno y los dirigentes del PP repetían machaconamente lo leyeron en la prensa y en los informes de los inspectores de las Naciones Unidas. O sea, aquí, además de no rectificar y de no reconocer la evidencia, al que pide responsabilidades le llaman "tonto" o "imbécil".
En los otros temas, aunque son distintos, la técnica es la misma. A propósito de la entrega de los Premios Goya, hemos oído y leído en algún periódico que el director vasco Julio Medem, autor de la película La pelota vasca. La piel contra la piedra, se enfrentaba a la Asociación de Víctimas del Terrorismo. En nuestra ingenuidad, creíamos que era exactamente lo contrario.
LA LIBERTAD DE EXPRESIÓNI.- Hemos oído también que la libertad de expresión no está en peligro. Inocentes de nosotros, quizá hemos soñado que se intentó impedir la proyección de la película en el Festival de San Sebastián y se presionó por todos los medios --hasta en la calle-- para que no fuera premiada en la gala de la Academia del Cine.
La política de la mentira no repara en desmentidos ni en sus propias contradicciones. Aunque Carod-Rovira haya negado que, en su desgraciada iniciativa de reunirse con ETA, pidiera a los etarras que dejaran de matar sólo en Cataluña, esa supuesta intención se da por cierta desde el primer día y en ella se centran los reproches más sangrantes. Después de bombardearnos con la petición de dimisión de Carod --en este caso justificada-- por su entrevista con ETA y de reprocharle su "deslealtad" a Pasqual Maragall, a quien no había informado, sale
Javier Arenas con la revelación de que los contactos con la organización terrorista formaban parte del "programa oculto" del tripartito. ¿En qué quedamos?
Quedamos en que el PP aplica como nadie la máxima de que una mentira repetida mil veces al final se convierte en verdad, y esto es especialmente cierto en política, donde la percepción de la realidad es más importante que la realidad misma. Para esto no es preciso ni ser listo, basta con no tener escrúpulos.
AVALANCHA MEDIÁTICA DEL PPI.- Frente a la avalancha política y mediática del PP-Fuenteovejuna, el
PSOE se debate en sus contradicciones, su débil liderazgo y la falta de política propia. Todo el encomiable esfuerzo que ha hecho
Rodríguez Zapatero para aceptar y transmitir el mensaje de la España plural se ha venido abajo con el desgraciado comunicado nocturno en el que emplazaba a Maragall a destituir a Carod. ¿En qué España plural se cree cuando se es incapaz de respetar la autonomía de un Gobierno autonómico, en este caso el de la Generalitat? Aunque el motivo que lo provoca sea un gravísimo error de un dirigente de un partido aliado, ¿cómo se compagina este exceso autoritario con la nueva política que estaba perfilando el
PSOE y que ejemplifica el relevo de Redondo Terreros por Patxi López en el socialismo vasco? ¿Vuelve el
PSOE, por temor a perder los malditos votos de siempre, a la ortodoxia del Pacto Antiterrorista, un pacto que ha servido sobre todo para que el PP lo arroje en la cabeza de Zapatero cada vez que se desmarca ligeramente del seguidismo del PP?
Es seguro que Zapatero ha sufrido enormes presiones, pero su rendición y la consiguiente intromisión pública en la crisis catalana ha dado alas a los barones de su partido. Para lograr que Carod no vuelva al Govern y siga para siempre en el infierno, uno de esos barones, Rodríguez Ibarra, ha llegado a decir que Maragall no paga las cenas. Sólo le ha faltado añadir que, como catalán, es roñoso y avaro. Con amigos como éstos, que a Carod le llaman Rovira, como Zaplana, no hacen falta enemigos.
El problema es que con los bandazos, los titubeos y el pánico a perder las elecciones no se hace una política distinta ni se construye una alternativa creíble.
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