Sábado, 20 de marzo de 2010 - 9:04 h

El Depor demuestra ante el Liverpool que no está a la altura de la Champions

Los coruñeses están prácticamente eliminado de la Champions a la primera de cambio. Es el único equipo de toda la competición que aún no ha marcado ni un solo gol.
Xornal.com - clásica Actualizado 03/11/2004 - 23:33 h.
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XORNAL I A Coruña.- No sé si la viagra es doping, pero al Deportivo deberían recetarle una caja bien grande de este medicamento. Su impotencia es galopante, como demuestra el hecho de que es el único que no la mete goles de todos cuantos están disputando esta prestigiosa competición que tan grande le viene al equipo coruñés. De hecho, la desnudez del Deportivo roza la obscenidad. Ante el Liverpool demostró que está desnudo de ideas, desnudo de pegada, desnudo de concentración e incluso desnudo de fortuna. De esa guisa en lugar de triunfos sólo se cosechan resfriados, y el del equipo de Irureta es ya más bien una pulmonía.

Ayer quedó en evidencia ante el conjunto inglés, muy sólido en defensa, muy concentrado y con un contraataque peligroso. Y eso que perdonó. El Deportivo, por su parte, le puso corazón, pero le quitó todo lo demás. No se puede negar que se sacudió la agobiante presión del Liverpool que tan dañina resultó en campo inglés. Tampoco se le puede reprochar que buscó mucho más la puerta rival y que incluso tuvo alguna ocasión para llevar esperanza a la grada de Riazor. Pero revendió las ilusiones blanquiazules a una casa de empeños cuando, en una contra envenedada de los ingleses, Andrade reivindicó la mala sombra del equipo con un gol en propia meta.

El cielo se nubló, la noche se hizo eterna, y sólo se escucharon en la grada los gritos y el crujir de dientes. El Deportivo es incapaz de acercar la pelotita a la línea que hay debajo del larguero rival, esa que está entre el poste derecho y el izquierdo y que los delanterios blanquiazules no localizan ni con un GPS de última generación. Así que tocaba prepararse para lo peor, como ya todos en Riazor sabímos. Incluso lo sabía Irureta, que utilizó sus cambios para darle solidez al equipo, pero no para buscar lo que hacía falta: el gol.

Y es que cambió a César por Pablo Amo (central por central), Scaloni por Héctor (lateral por lateral) y Pandiani por Tristán (delantero por delantero). Y eso que tanto Pandiani como César y, sobre todo, Héctor, estaban jugando bastante bien. El caso es que con los cambios el equipo no ganó nada y sí perdió algo: la oportunidad de lanzarse al ataque con el partido perdido.

La estrategia amarrona de Irureta sirvió para conservar la derrota y con ese resultado finalizó el encuentro, un partido que puede pasar a la historia como en comienzo del fin del Deportivo, un equipo al que le han perdido el respeto en Europa, se lo van a perder en España y que va camino de perderse el respesto a sí mismo.
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