María Iglesias /
XORNAL.COM I A Coruña.- Cargado con dos bolsas, la chaqueta del revés y cubierto con numerosos carteles en los que denuncia la pérdida. Así trata de llamar la atención Manolo García Coego en la T-4 de Barajas sobre la desaparición de su perro Trus. Es mi manera de luchar, asegura desesperado este lucense de Monterroso que todavía no ha conseguido que
Iberia le diga algo sobre el animal, al que nadie ha visto desde hace ya nueve días.
Desde entonces, Manolo García no vive y apenas descansa. Lleva ya tres noches durmiendo en el aeropuerto madrileño y ya tiene la voz ronca de gritar por las esquinas el nombre de su compañero.
Emigrante en Canarias
Nacido en Venezuela pero criado en Monterroso, cuando cumplió la mayoría de edad emigró de Galicia hacia climas más cálidos. Ahora lleva siete años viviendo en Canarias. Trabajo en la construcción, en la hostelería... en lo que va surgiendo, explica.
El pasado 12 de diciembre cogió un vuelo desde Las Palmas a Santiago, con el inevitable transbordo en Madrid, para ir a visitar a su hermano, que sigue viviendo en Lugo. En el avión viajaban también dos de sus beagle: una hembra, Kia, y el macho, Trus.
Al llegar a Madrid, el transportín en el que viajaban se abrió según han informado fuentes de
Iberia a Manolo García Coego y los perros se escaparon corriendo por las pistas. Solo pudieron recuperar a la hembra.
Cuando su dueño fue a recogerlos en Lavacolla, descubrió que le faltaba uno de los animales. Al igual que cuando se pierde una maleta, nadie le supo explicar qué había pasado con el paquete. El problema es que dentro no iban ropa y zapatos, sino un ser vivo. Se cayó y no me dijeron nada, reprocha el amo de Trus, que pasó cinco días esperando una respuesta.
Un portavoz de
Iberia asegura que le informaron esa misma noche de que los perros no habían embarcado y que al día siguiente le explicaron que se habían escapado y sólo habían podido recuperar uno.
Desesperado, Manolo García decidió volver a Barajas, a ver si encontraba a su perro. La compañía le proporcionó un tractor, conducido por un operario, para que la búsqueda fuese más fácil. Según
Iberia, salió a las pistas y los alrededores hasta en tres ocasiones, sin éxito.
Ha pasado en el aeropuerto ya tres noches y no quiere ni pensar en marcharse sin su compañero. Duerme en los asientos de la terminal y trata de sobrevivir a duras penas. Allí donde encuentro un enchufe, cargo el móvil, comenta.
La desesperación le ha llevado a escribir unos carteles que ha pegado sobre la chaqueta, a modo de hombre anuncio, para llamar la atención sobre su caso. De momento, ya ha conseguido que los medios de comunicación le escuchen y se hagan eco de sus reivindicaciones.
Además del enorme cariño que este lucense de 46 años siente hacia su perro, el animal tiene si cabe mayor valor puesto que está entrenado para cazar y para buscar gente en escombros y en derrumbamientos.
Manolo García destaca la irresponsabilidad de la compañía que no se hace cargo de haber perdido al animal y no le facilita alojamiento ni vuelo. El trato que he recibido por parte de
Iberia es vergonzoso se queja; duermo en una silla y ni siquiera me han ofrecido poder darme una ducha caliente.
Supervivencia
En plena operación salida de navidades y con el aeropuerto de Barajas más atestado que nunca, resulta difícil pasar inadvertido. Manolo García espera que los pasajeros puedan ayudarle de alguna forma y que cualquiera que tenga que dejarse caer por la T-4 eche un vistazo a ver si encuentra a su compañero.
De todas formas, Manolo sabe que no tiene demasiado tiempo si quiere recuperar a su perro con vida. Cada día que pasa, es una oportunidad menos de superviviencia para Trus.