Javier Gundín /
XORNAL.COM I A Coruña.- El Villarreal se presentará este domingo en Riazor con un equipo del que forman parte tres campeones de Europa con la selección española -
Capdevila, Senna y Cazorla- y un buen puñado de futbolistas de primer nivel como Gonzalo Rodríguez, Diego López, Ibagaza, Matías Fernández o el Guille Franco. Pero la figura del Villarreal no es un jugador, ni siquiera se sienta en el banquillo, lo hace en el palco presidencial y es el dueño del club: Fernando Roig (Poble Nou, Valencia, 1947), un empresario con una fortuna que ronda los 1.000 millones de euros. Con él, el llamado submarino amarillo ha pasado de navegar por las aguas del fútbol regional a hacerlo junto a los mayores transatlánticos del fútbol europeo.
Fernando Roig sostiene al Villarreal con su patrimonio desde 1997, año en el que se convirtió en dueño del club tras comprar el 90% de las acciones por 90 millones de pesetas. Por aquel entonces, el equipo militaba en Segunda y los jugadores tenían que acudir a un conocido bar del pueblo para cobrar. Pero las cosas cambiaron pronto. Un año después, el Villarreal ascendía a Primera tras superar en una promoción al Compostela. Bajaría al año siguiente, pero enseguida recuperaría la categoría para no abandonarla nunca más.
Desde entonces, el Villarreal ha crecido de un modo espectacular amparado en los millones de Roig y en su talento para los negocios, ese que aprendió de su padre Francisco cuando éste dirigía una pequeña empresa llamada Cárnicas Roig y un grupo de ultramarinos que años después se convertiría en Mercadona, que en la actualidad es la mayor cadena de supermercados del país. Cuando tenía solo 26 años, Fernando Roig se topó de lleno con la dura realidad de los negocios. Su padre le envió a Alcalá de Guadaira (Sevilla) para que reflotase un matadero en suspensión de pagos. No se sabe si lo hizo para probar a su hijo, pero lo cierto es que Fernando resolvió el problema y en tres años regresó a Valencia.
En aquella época, la familia Roig amplió sus negocios y fundó, en Vila-Real, Pamesa, una empresa de cerámica. Las cosas no iban bien y Fernando se ofreció para tomar el mando. Introdujo novedades como el gres y la demanda creció tanto que los ingresos se dispararon. Fue entonces cuando los tres hermanos Roig se repartieron los negocios familiares. Fernando se quedó con Pamesa y el 11% de Mercadona, Juan con el 89% de la empresa de alimentación y Francisco, ex presidente del Valencia, con la división cárnica.
Pamesa siguió creciendo y con ella la cuenta corriente de Fernando Roig, que decidió invertir en el club de la pequeña localidad de 45.000 habitantes en la que residía su empresa -el Villarreal- y dedicarse a una de sus pasiones: el fútbol. Los que le escucharon cuando dijo que el objetivo era llevar al club a Europa esbozaron una sonrisa. Nadie le creyó. Pero Fernando Roig lo ha conseguido. El Villarreal llegó a unas semifinales de la Champions League en 2006 y en las últimas temporadas se ha convertido en una alternativa al título. Es el fruto de trabajo, mucha ilusión e inversión, señala para justificar el gran salto experimentado por el Villarreal.
A Fernando Roig le llena de orgullo haber situado en el mapa a Vila-Real gracias al fútbol y que los aficionados de la capital, Castellón, tengan que ir ahora a El Madrigal para ver fútbol de Primera. Pero lo que más le alegra es el crecimiento de la masa social del club. Cuando llegó, había 3.000 socios. Ahora hay 20.000. Y siguen aumentando. Ver a esta gente tan feliz e identificada con el Villarreal es impresionante. Todo el esfuerzo y el dinero que he invertido sin duda ha valido la pena, señala Fernando Roig, que ha cumplido el deseo que expresó hace unos años. Quiero que seamos el nuevo Superdépor, señaló en un gesto de admiración al Deportivo de Lendoiro.
La inversión de Roig en el Villarreal ronda, que se sepa, los 100 millones de euros. Como consecuencia, el pueblo tiene un moderno estadio, una ciudad deportiva modélica, ha visto alguno de los mejores jugadores del mundo como Riquelme, Forlán o Marcos Senna y se codea con los mejores equipos de Europa. No es de extrañar que en Vila-Real, Roig sea prácticamente un dios.
Últimamente, Roig comparte la gestión del club con su hijo Fernando (director general) y con José Manuel Llaneza (consejero delegado) para poder dedicarle tiempo a sus negocios, que sigue ampliando. Ha creado una empresa, Renomar, dedicada a la energía eólica, y otra, Encersa, que se dedica a la comercialización de gas natural. Además, gestiona el Gran Premio de Valencia de Fórmula 1 con la empresa Valmor, en la que participan también Bancaja y el ex motociclista Jorge Martínez Aspar. Algunos le critican por las buenas relaciones que mantiene con el presidente de la Comunidad Valenciana,
Francisco Camps y con el presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, imputado por un presunto delito de cohecho. En Vila-Real, sin embargo, le han nombrado hijo adoptivo. Allí nadie duda de que el tipo que les ha hecho felices con un equipo de fútbol y que ha conseguido que el pueblo sea conocido en todo el mundo, se merece eso y mucho más.