Domingo, 21 de marzo de 2010 - 8:38 h

Impartir clases en chándal le cuesta el puesto a un profesor

El docente expulsado en Londres, Adrian Swain, tenía una reputación excelente
Begoña Arce 
/ Londres Actualizado 22/03/2009 - 18:00 h.
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Londres es una de esas ciudades donde cada uno se viste como le da la gana. Pantalones de pitillo un día, de campana al siguiente, tacones hoy, zapatillas deportivas mañana. En el armario de los londinenses hay nuevo y vintage, prendas de baratillo mezcladas con marcas exclusivas. Las omnipresentes cadenas de tiendas multinacionales marcan ciertas tendencias en la calle, pero cada cual combina después, sin mayores complejos, estilos y colores. Ni siquiera la climatología uniformiza el paisaje londinense. En un día intempestivo, no es difícil ver en el mismo autobús una chica con botas, bufanda y gorro de lana, junto a otra con una rebeca por toda prenda de abrigo, un vestidito liviano con las piernas al aire y unas escalofriantes sandalias en los pies.

Pero en ciertos ambientes, la libertad indumentaria tiene límites. La disputa por la vestimenta de un profesor ha desembocado en huelga en una escuela del este de la capital. Adrian Swain lleva 35 de sus 56 años enseñando ciencias y matemáticas en los barrios desfavorecidos del East End. La reputación de su trabajo con los alumnos es excelente. En sus clases, el 96% de estudiantes logran aprobar los exámenes finales de primer ciclo en asignaturas consideradas como un hueso.

Vestimenta apropiada

A pesar de todo, Swain fue despedido el pasado mes de diciembre por la dirección de la St. Paul’s Way Community School, en la barriada popular de Tower Hamlets, donde llevaba 17 años. Tres meses antes, la nueva dirección del centro había impuesto a los profesores, sin consulta previa, un código no escrito para que se vistieran de manera “apropiada”. Lo que ese concepto quiere decir resulta ciertamente difuso, pero, clarísimamente, en él no entra el chándal con el que el profesor de matemáticas acudía a clase.

Swain considera su ropa algo totalmente irrelevante, pero las primeras advertencias verbales de la dirección terminaron en un expediente disciplinario y más tarde en la expulsión, contra la que el profe apeló sin éxito. Sus colegas no se han quedado de brazos cruzados y están en huelga para exigir el reingreso del represaliado. “Los niños prefieren tener un buen profesor que lleve zapatillas deportivas, que uno malo que vaya vestido como un hombre de negocios”, afirma Swain, convencido de que los estudiantes “aprenden mejor en un ambiente en el que se sientan cómodos y no en uno que parezca una oficina”.

El problema no es exclusivo del colegio de Tower Hamlets. En las escuelas públicas británicas no hay normas definidas de cómo han de vestir los profesores. El asunto queda en manos de cada centro. En alguno, como el Walworth Academy, en el sureste de Londres, los enseñantes no pueden ir a clase con vaqueros o prendas de cuero. Los conservadores han entrado en el debate, pidiendo una vestimenta que eleve el respeto de los profesores ante los alumnos y los padres. Los sindicatos, que también han tomado cartas en el asunto, opinan que la educación implica que los alumnos aprecien la diversidad. Todo el mundo es diferente y merece el mismo respeto, se vista como se vista.

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