Impulsora del Teléfono del Menor y autora de más de una treintena de libros sobre psicología y educación, la psicóloga Alejandra Vallejo-Nágera (Madrid, 1958), en colaboración con el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, estuvo en Ferrol para explicar cómo los padres contribuyen a que sus hijos tengan una "vida adulta feliz".
¿Cómo contribuyen los padres a que los hijos tengan una vida adulta feliz?
Los padres son la escuela de amor, de optimismo y de felicidad más importante que tenemos los seres humanos. Cómo se quieren los padres entre sí y a sus hijos, y cómo establecen las normas para que los hermanos se traten entre sí, va a edificar una actitud de esos hijos frente a la vida. La moraleja está en que no importa tanto que las circunstancias externas no sean favorables, sino la actitud que uno tenga ante ellas. Padres optimistas tienen más fácil que sus hijos también lo sean. La felicidad también se aprende en casa.
¿De qué modo es posible lograr esa educación feliz?
No solo es querer, sino adquirir los conocimientos necesarios. Por ejemplo, es clave que los padres establezcan un equipo con el colegio y con los profesores, las otras personas adultas que se van a encargar de su educación. En vez de competir con los profesores, tenemos que colaborar con ellos. Yo invito a los padres a que establezcan una reunión periódica con otros padres y con los profesores. Se aprende mucho y se solucionan incógnitas y errores.
¿Y qué otras claves existen para una buena educación?
Sobre todo una clave, que el hogar es el único refugio que el ser humano tiene, en donde se nos acoge y se nos enseña, y aquí es donde hay una confusión. En aras de querer mucho a nuestros hijos, olvidamos lo importante que es marcar unos límites y una disciplina. Impera la cultura de la inmediatez, como si la vida fuese un café instantáneo. Todo lo que no se obtiene de manera inmediata, no interesa. Se ha perdido entre la gente joven el placer de la conquista y esto se debe en parte a que algunos padres no han tenido clara la diferencia entre amar a los hijos y ponerles límites. No poner límites es como dejar a un niño en un cuarto oscuro, él va a intentar explorar el cuarto, pero si no tiene paredes, se caerá al vacío. Si tiene unas paredes, se golpeará y le dolerá, pero habrá aprendido a controlar los impulsos, la espontaneidad, y en eso consiste la madurez.
¿Y cuáles son las claves en familias con padres divorciados, o de mujeres que deciden ser madres en solitario?
Lo malo para los niños no es la nueva situación legal, de separación, de divorcio o de unión con otras familias. Lo malo para ellos es la falta de amor, un clima en el que reinan los reproches mutuos, el silencio, la agresión. Cuando reina un clima de cordialidad y afecto, las cosas mejoran. En familias monoparentales, a veces las madres tienen problema para dejar a los hijos la libertad que tienen que tener para aprender por cuenta propia lo que es el mundo. Quizás el error que cometemos los padres actualmente es que, al no pasar demasiado tiempo en casa, híper protegemos a nuestros hijos. No les enseñamos a frustrarse y a salir airosos de los contratiempos, y tienen que aprender a que las cosas no salen bien a la primera

