Familiares y amigos del joven Diego Viña se concentraron ayer nuevamente, tras cuatro años y medio de quejas, frente a los Juzgados de A Coruña donde se lleva la causa sobre su muerte. Sin embargo, en esta ocasión no se trató de una protesta más. Alrededor de un docena de personas luchan a la desesperada para que la jueza no ordene el sobreseimiento del caso sin aclarar las circunstancias que rodean el extraño fallecimiento del chico -presuntamente ahorcado- en el cuartel de la Guardia Civil de Arteixo.
"Seguiremos estando aquí, pedimos justicia y que se sepa la verdad porque sé, como madre, que no murió así; mi hijo tenía planes para todos los días", comentó Carmen Castro. Según las declaraciones de los agentes que lo custodiaban, Diego Viña apareció en un calabozo del cuartel ahorcado con sus propios pantalones. Tras cuatro años y medio de trámites, la titular del Juzgado de Instrucción número 5 de A Coruña estudia, con el fiscal, sobreseer el caso en el que la familia pedía que se reconociese un "homicidio por omisión de socorro". Insiste en que se investigue la prueba básica del caso desaparecida porque, supuestamente, los guardias la tiraron a la basura. "Queremos descubrir que pasó con la prenda", explicó la madre. Además, denuncian que se están vulnerando los cauces legales del procedimiento. "Se está buscando un atajo: la jueza debería dirigir un escrito al fiscal después de dictar auto pero lo ha hecho antes", explican ante la puerta de los juzgados.
Los amigos del chico, que están imputados por manifestarse ante la iglesia y el cuartel de Arteixo, dudan de que el relato de los agentes que el 22 de septiembre de 2004 estaban de guardia sea verdad. "Ni siquiera el 061 pudo comprobar la hora en la que murió mi hijo, sólo hicieron un parte de muerte por asfixia". La versión de los agentes dice que el óbito se produjo sobre las cinco de la tarde, pero según algunas investigaciones, Diego ya se encontraba mal por la mañana. "Parece ser que la doctora recomendó llevarlo a un centro médico porque estaba enfermo, pero no lo hicieron ni le dieron el tratamiento que estaba tomando", comentó Castro, que aseguró: "Cuando murió ni siquiera me avisaron, me enteré de todo de madrugada".
Ante unas evidencias que, para las personas concentradas en favor de abrir una investigación , no dejan lugar a dudas de que alguien miente, la madre, la hermana y otros allegados del chico intentan que el auto no se cierre "en falso" para no "sufrir" más. "No todas las vidas valen lo mismo, si hubiese sido él que asesinara a un Guardia Civil seguro que estaba en la cárcel", insistió otra de las mujeres que participaban en la concentración pacífica.
Si cabe, la tristeza es mayor porque Viña acabó en el calabozo por una falsa denuncia de su padre. "La jueza lo reconoció y además confirmó que la detención fue ilegal".

