Feijóo estrena su nueva vida

Deberá mudarse a la residencia oficial de Monte Pío, llevar escoltas de forma permanente y se le complicarán actividades cotidianas como salir a correr, ir al cine o a cenar. Seguirá con coche oficial y una apretada agenda
Marcos J. Román Actualizado 10/05/2009 - 17:46 h.
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Alberto Núñez Feijóo se ha levantado hoy por vez primera siendo oficialmente presidente de la Xunta. A pesar de haber pasado ya un mes y medio desde que ganó las elecciones, es desde hoy cuando nada en su vida volverá a ser igual, al menos hasta que abandone el cargo e incluso después, como saben muy bien sus antecesores. Más allá del coche y la vivienda oficial, el reconocimiento y el poder, el líder popular se va a encontrar también con numerosas dificultades que van aparejadas a tan notable cargo de representación institucional.

En primer lugar, su casa. La residencia oficial del presidente de la Xunta cuenta con 25.000 metros cuadrados, un área dedicada a la actividad institucional y otra a la privada, con amplios jardines, piscina, numeroso personal e incluso gobernanta. Todo ello aderezado con unas magníficas vistas de la ciudad de Santiago desde la ladera de Monte Pío, a cinco minutos del centro de la capital gallega.

Una ubicación y unas instalaciones inmejorables, más si cabe para una persona que no nació vinculada a tantas comodidades y que recuerda a menudo aquellos momentos de su infancia en que a su casa, en su localidad natal de Os Peares, llegó el agua corriente o la primera televisión en color. Así pues, Monte Pío podría ser el destino más apetecible, salvo por el detalle de que Feijóo no se quería ir a vivir allí.

En plena campaña electoral, el candidato del PP proclamó su intención de ser el primer presidente que viviese en Vigo. Más allá de ser un guiño a los habitantes de la ciudad más populosa de Galicia, era cierto que Feijóo estaba dispuesto a seguir viviendo en su propia vivienda y no se habia planteado muy en serio lo de mudarse a Monte Pío, algo que  tendrá que hacer en breve.

Sería un derroche de medios económicos y humanos garantizar la seguridad del presidente en el edificio donde residía en la ciudad olívica, con cientos de viviendas y donde los policías tendrían que identificar y cachear en el portal a todo aquel que quisiese acceder al inmueble. Además, sería difícil de explicar que dejase vacía la residencia oficial, que costó ingentes cantidades a las arcas públicas, después de todas las promesas de austeridad que ha realizado.  Así pues, en los próximos días al candidato le tocará hacer las maletas y renunciar a las vistas al mar con las que se levantaba cada mañana en su piso de Vigo, cuya hipoteca, por cierto, deberá seguir pagando, a razón de 1.200 euros mensuales, al menos hasta que le toque la próxima revisión.

lejos del mar

Dicen los que le conocen que una de las cosas que más echará de menos será precisamente el mar, una de sus grandes pasiones a pesar de haber nacido en el interior. Ni en sus días de asueto tendrá igual de fácil salir a navegar, por ejemplo, a pesar de que le sobrarán armadores que le inviten a sus barcos. Todo lo que hace el presidente de la Xunta es puesto en tela de juicio. El propio Feijóo pidió la dimisión del ex vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, cuando se publicaron unas fotografías suyas en el yate de un conocido empresario. Si ahora Núñez Feijóo quisiese salir en barco con algún conocido con el que lo hacía antes de ganar las elecciones, ya no sería lo mismo.

Tampoco tendrá igual de fácil salir a correr sin más por el Parque de Castrelos. No sólo porque el inmejorable entorno del Monte Pedroso, que rodea la residencia oficial, tenga una complicada orografía, sino por el hecho de que a partir de ahora deberá acostumbrarse a la presencia permanente de escoltas que le protejan.

cosas que no cambian

En la pasada campaña, después de presentar su contrato electoral, iba a regresar a la sede de su partido cuando vio que los periodistas se iban a tomar un café. Ni corto ni perezoso, dejó sus papeles en el coche y se fue a desayunar con ellos, en un gesto no demasiado raro en un político que gana en el cara a cara con la gente y que ahora tampoco tendrá fácil improvisar: la seguridad manda y podrá permitirse menos gestos esporádicos de este tipo. 
Fuera de ello, no todo van a ser cambios para Feijóo, que siempre ha estado vinculado a la función pública y que ha llegado a decir que le salieron los dientes en la Administración. Así, no le supondrá un cambio contar con chófer, porque ya lo tuvo cuando era conselleiro y apenas estuvo sin él un año, hasta que llegó a la presidencia del PP. También está acostumbrado a los viajes a la diáspora y a Bruselas, ya que ha hecho varios como candidato. Conoce el Gobierno central, no en vano ha formado parte de él. Tampoco le serán nuevos los Consellos de la Xuntade los jueves, y menos aún recorrerse Galicia visitando obras.No digamos tener una agenda repleta de actos: ya la tenía de conselleiro y se multiplicó cuando sucedió a Manuel Fraga en el PP.

Repercusión mediática de su novia

Asi pues, a quien más le ha cambiado la vida es a su novia, Carmen Gámir. Chinny, como la conocen todos, ha pasado en unos días de ser casi una desconocida a salir en la portada de todos los periódicos. De reírse cuando la prensa hablaba de la soltería de Feijóo o aclaraba que no era homosexual, a aparecer fotografiada besándose con él tras ser investido presidente en el Parlamento gallego, el pasado jueves.

Si hace un mes se buscaba su nombre en google, aparecían sus crónicas en La Región Internacional y las dos medallas de honor de la emigración que recibió por su labor periodística, una a manos del popular Juan Carlos Aparicio y otra del socialista Jesús Caldera. A día de hoy se teclea su nombre y aparece irremediablemente vinculado a Feijóo, con el que lleva ya ocho años de relación en un discreto –casi incluso secreto– segundo plano.

Habituada a estar al otro lado de las cámaras, cubriendo información como corresponsal de La Región en Madrid, es la más sorprendida por el interés que ha despertado entre sus compañeros. Con vínculos familiares en Filipinas –a donde viajó con Feijóo el pasado verano–, también le tocará mudanza de Vigo a Monte Pío y acostumbrarse a una nueva vida a la que llega de rebote.

De momento, no tiene claro que pueda seguir dedicándose al periodismo. La mujer del presidente saliente, Esther Cid, no dejó de dar clase en el colegio en el que lo hacía cuando su marido, Emilio Pérez Touriño, tuvo que mudarse a San Caetano, un traslado que ambos tampoco veían con buenos ojos cuando tuvieron que dejar su piso en el centro de Santiago. Lo que sí parece claro es que no podrá trabajar cubriendo información política, aunque ya lo hizo, con toda normalidad, cuando muchos en el mundillo ya conocían  su noviazgo.

En todo caso, fuentes cercanas a la pareja insisten en que intentarán seguir haciendo vida lo más normal posible dentro de su  nueva condición. Entre otras cosas, porque Núñez Feijóo considera fundamental no meterse en una especie de burbuja alejada de la realidad y seguir saliendo a pulsar personalmente el sentir de los gallegos. De hecho, ha dejado a los periodistas, aquellos a los que invitaba a veces a tomar café, encargados de que, si la Presidencia de la Xunta le cambia y le vuelve engreído, le avisen y le paren los pies. “Nadie que me conozca podrá decir que soy chulo”, ha retado en alguna ocasión ante los que le acusaban de altanería.

 Así que no se extrañen si algún día salen a correr por la mañana y se encuentran al presidente de la Xunta haciendo ejercicio, o si un domingo por la tarde coinciden con él y su novia en el cine, o cenando en un restaurante. También más de uno habrá coincidido con Touriño y su señora tomando cañas en la zona vieja de Santiago.

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