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Manuel Pachi Vázquez se sienta por primera vez en la silla del secretario general del PSdeG-PSOE en la sede del partido en O Pino. Son las once y media de la mañana del miércoles. Cuatro días antes, en el congreso de Pontevedra, su única candidatura recibió el respaldo del 91% de los compromisarios. Un apoyo a la soviética. “La verdad es que hasta a mí me sorprendió el resultado porque soy un experto en perder congresos. Apoyé a Bono y salió Zapatero, y fui con Miguel Cortizo porque me une una gran amistad y no podía fallarle y salió Touriño”.
Esta vez salió él y acaba de sentarse en la silla que perteneció a Emilio Pérez Touriño. ¿Qué siente? “Pues como el chiste del policía local que se ponía la gorra de plato y decía: ‘ya me siento de una mala hostia’”. Pachi es muy simpático, una persona con una gran capacidad en el cuerpo a cuerpo, ganador en las distancias cortas, político de cercanías. “La verdad es que nunca imaginé que llegaría este momento. Hasta el 1-M yo vivía muy ilusionado con repetir como miembro del Gobierno. Lo normal era que Emilio siguiera como secretario general, nosotros en el Gobierno y yo me veía con responsabilidades en Ourense, como tenía”. Pero pasó el 1-M, “nos quisieron meter una colleja y se les fue la mano” y en la silla de Touriño está sentado Pachi. “Yo nací llamándome Pachi. Mis padres tenían un bar y todo el mundo me llamaba Pachi. Nadie sabe quién empezó. Yo me enteré ya de mayor que mi nombre era
Manuel. Mis hijos descolgaban el teléfono y decían: ‘Papá, un señor pregunta por un tal Manuel y aquí no vive ninguno’”.
El día 2 de marzo Pachi comenzó a recibir llamadas animándole a que presentase su candidatura a la secretaría general. “Hasta Pepe Blanco se pasó de frenada con todo el cariño del mundo y lo dijo en público. Yo pensaba que ‘cuando la limosna es tan grande hasta el santo desconfía’. ¿Por qué yo si también soy de la cofradía que le acaban de dar una paliza? Probablemente en mí se daban la circunstancia de que era conselleiro por la mañana y partido por la tarde. En estos cuatro años trabajé mucho para el Gobierno y para el partido. En política me considero de los valientes, no me tiembla la mano casi nunca, pero los primeros 15 días sentí vértigo”. Lo sacudió a medida que recorría Galicia para escuchar a la militancia. “Hubo momentos en los que me decía que si aparecía alguien había que apoyarlo. Me sentía sobrevalorado por la gente, por no ser capaz de cumplir con las expectativas”. Ahora, como le dijo Zapatero en Pontevedra, tiene la sensación de que “esto va a salir bien”.
Muchos piensan que Pachi es una figura de transición, que no llegará a ser candidato a la presidencia de la Xunta, que se apartará para dejar pasar a Pepe Blanco cuando llegue el momento. “Desde el principio de mi vida política cuando comienzo algo siempre hay cierto escepticismo sobre mí. ‘No es para tanto, es un buen chaval pero...’ Sin embargo, estoy aquí. Cuando dije en O Carballiño que me iba a presentar a la alcaldía en el 91 el Partido Socialista tenía un concejal de 17 y 300 votos. Conseguí 4.500 votos y la mayoría absoluta. En Ourense en la secretaría provincial decían que era una jaula de grillos, imposible ponerlos de acuerdo y se hizo. Elegimos candidato dentro de tres años, pero que no se confunda nadie. Como tenga la confianza de los socialistas gallegos voy a por todas y no hay quien me mueva. Si quieren a otro, no pasa nada. No es una cuestión de honor siciliano. Me apartaré sin dramas”. La gran incógnita es qué hará si el mismo Pepe Blanco se lo pide. “Me apartaré si me lo pide el PSOE de Galicia, no si me lo pide Pepe Blanco. Si la militancia dice que es él, pues cuerpo a tierra”.
Pachi asegura que no es de nadie. No se le puede encasillar en las distintas familias socialistas de Galicia. “Yo llegué aquí subiendo a pulso por la cuerda de la militancia. Nadie dice Pachi es de arriba o de abajo”. Sin embargo, cuentan las malas lenguas que cuando este médico epidemiólogo decidió entrar en política “porque en O Carballiño nada funcionaba” se ofreció al PP. “Como en todo rumor algo de cierto hay. El PP me vino a buscar 1.000 veces y nunca acepté”. Nieto del acalde perseguido de Maside, con el que se crió mientras sus padres se deslomaban trabajando en Suiza, empezó en el CDS porque era “el único espacio que quedaba en O Carballiño’. Se fue para casa por un pronunciado giro a la derecha. Y lo fue a buscar el PSOE. “Me citaron en la sede para invitarme a entrar y tras aceptar me dijeron que iban a votar para ver si me admitían. No entendía nada. Eran 19 personas y el resultado fue 19 a cero para que no entrase. Me fui pensando que había hecho el parvo. A los 20 días volvieron a llamarme disculpándose y en la votación salió que eme admitían. Es una anécdota que muestra el hermetismo que había en el partido”, comenta entre risas.
La puerta de su despacho está abierta. Mar Barcón, la encargada de diseñar la estrategia de política municipal y de acción electoral, lo reclama un minuto para consensuar un asunto con Pablo García, su gran fichaje de Unións Agrarias para llevar la secretaría de organización. “Para ti tengo los minutos que quieras”, responde resuelto mientras se levanta. El despacho que fue de Touriño está apenas por usar. “Yo no voy a cambiar nada. Los despachos que ocupo acostumbro a dejarlos como están. Me gusta estar siempre en la calle. Tenemos que trabajar mucho, escuchar como crece la hierba política. No podemos hacer un partido para esperar a que suceda otro Prestige ni para esperar a que falle el PP. Va a haber un partido para ganar nosotros”, comenta cuando regresa. Pachi poco tiene que ver con Touriño y lo reconoce. “Emilio representa algo distinto a mí. Tenemos que acostumbrarnos a que las cosas distintas no son mejores ni peores”.
Cuando Pachi presentó su candidatura a la secretaría general del PSdeG-PSOE confesó que había cometido errores. “Fui de los que no se enfrentó a una política de comunicación horrorosa ni a las relaciones del Gobierno con el partido. Dejé pasar muchas cosas. Si estoy en una ejecutiva y en un Gobierno, no puedo decir que no sabía lo que sucedía y callé. Teníamos que haber dado un golpe en la mesa. Fuimos cómplices necesarios de lo que sucedió. No quiero ajustar cuentas, pero pecamos de vanidad y de ingenuidad”.
Pero el 1-M es historia y Touriño “patrimonio de Galicia”, como dijo Alberto Núñez Feijóo y el nuevo líder de los socialistas no se caracteriza por morderse la lengua. Vive la política como el fútbol, deporte al que jugó en Tercera División, y al que recurre para hacer entender sus posiciones: “Vamos a jugar en el área pequeña...” A su mujer, María José, con la que lleva desde los 16 años y tiene 54 como él, la convenció para que se presentase en las listas a la alcaldía de Piñor de Cea. “Había un alcalde que amenazaba con escopeta y no quería ir nadie. Se ganó la alcaldía y fue teniente de alcalde”. María José, que es ATS, ha cambiado de Concello. Ahora es teniente de alcalde de O Carballiño. Pachi prepara el asalto de la Xunta desde una aldea. “Es un privilegio estar en el campo”. Vive en Montes de San Amaro con otros siete vecinos y al acabar el día le gusta “pasear por la hacienda”, comenta con sorna, y ver a sus tres yeguas de cría, otra de sus grandes aficiones, a la que llegó ya con hijos un lluvioso día de vacaciones en A Lanzada. El mayor de sus tres hijos es un gran atleta. Arrebató a Isodoro Hornillos el récord de Galicia de 400 metros lisos después de 27 años. Pachi quiere arrebatar en cuatro la presidencia de la Xunta a Alberto Núñez Feijóo. “Parece que piensa, como nosotros, que la gente te da la confianza por ocho años y cuando habla él o un conselleiro sube el pan. La ilusión de llegar no me la puede quitar nadie”, afirma mientras se sienta en la silla en la calle para hacer la fotografía. San Caetano está a sus espaldas, pero en el punto de mira. Antes, irá “a bayoneta” en las municipales. Quiere tumbar a Baltar en la Diputación de Ourense. Baltar no es una obsesión, es un modelo, el que sostuvo al PP en todas las elecciones y que lo recuerde Feijóo. No vale nada en sí mismo, como Cacharro en Lugo”. Ese día, Pachi estará más cerca de la Xunta. “Va a salir bien, ya verás”, advierte cuando se despide.

