El autor de los estudios sobre el gallego para la Fundación FAES, presidida por José María Aznar, es uno de los fundadores de Galicia Bilingüe. Andrés Freire, filólogo clásico y profesor de Lengua Española, creó en el año 2007 la plataforma Tan gallego como el gallego, que se definió como “un grupo de padres y de profesores de enseñanza primaria, secundaria y universitaria” contrario al decreto del gallego del bipartito.
A esta plataforma le siguieron otras como Vigueses por la Libertad y, finalmente, Galicia Bilingüe. En la propia página web de Tan gallego como el gallego figura un artículo que apunta lo siguiente: “De esta iniciativa ciudadana han surgido dos asociaciones, Galicia Bilingüe y Mesa por la libertad lingüística, que se unen a la preexistente Asociación gallega por la Libertad de idioma (AGLI) en la denuncia del régimen linguocrático, sin perjuicio de las peculiaridades de cada una respecto a las medidas o soluciones para librarnos de él”. Gloria Lago y José Manuel Pousada secundaron sus reivindicaciones y protestas ante la Xunta.
“¿Por qué tan gallego como el gallego? Porque en este momento parece que si no hablas gallego no adquieres la condición de tal, digamos que eres un gallego de segunda y los que somos gallegos, o simplemente vivimos aquí, y nos expresamos en español o en ambas, reivindicamos nuestro lugar en primera línea, no antes, pero sí al lado de los que han adoptado solo el gallego para relacionarse”, explican los responsables de la plataforma.
El decreto del gallego ha sido desde el comienzo el gran objetivo de estos movimientos. “Los chicos y chicas gallegos no estudiarán con la misma garantía de éxito, pues además de la dificultad y complejidad del propio estudio, se encontrarán con la necesidad de traducir y adaptar el esquema de su lengua a la que plasman sus libros o apuntes”, aseguraron tras conocer los planes del bipartito.
En su análisis sobre el gallego para la FAES, Freire sostiene que “el aislamiento de Galicia” permitió su supervivencia, “y el analfabetismo del campesinado hizo el resto”.
“Y tras tanto dinero, tanto esfuerzo, ¿qué se ha conseguido? El gallego sigue perdiendo hablantes. En algunas ciudades, su uso no pasa de ser anecdótico, al tiempo que el castellano entra en ámbitos –las aldeas–a los que apenas había rozado. Crece, en cambio, el uso litúrgico del gallego. Lengua usada para las ceremonias y los actos públicos, pero que se abandona una vez que las cámaras no enfocan”, afirma Freire en el estudio para la FAES.
Experimento
El documento de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) tacha el proceso histórico de normalización del gallego de “experimento” ante el que “se inmolan la educación, la política cultural, los derechos individuales y el sentido común”.
Según Freire, la política de normalización lingüística de la comunidad gallega “es la última de las extravagancias que atraviesa la historia de España”.
En el documento, explica que este proceso llevado a cabo “en los últimos 30 años” ha “puesto en entredicho” el “fenómeno de expansión” del castellano que –desde Alfonso X– “se convirtió en la lengua de prestigio” a lo largo de la Península Ibérica.
“La ignorancia de algunos y el interés de otros han aunado esfuerzos para revertir este proceso de siglos con la excusa de que estamos ante una anormalidad resultante de un supuesto ‘imperialismo castellano’”, indica Freire. “Esta política, inusitadamente denominada ‘normalización’, es la última de las extravagancias que atraviesa la historia de España”, sostiene. “El cerrado acento de aldea fue visto como un rasgo lingüístico a desterrar”, sentenció.

