Ayer, habló de la evolución humana en Vigo durante el III Ciclo Ciencia e Sociedade, que organizó la Fundación Carlos Casares.
¿Cómo ayuda a los científicos el análisis de los dientes para reconstruir la historia de la evolución humana?
Aunque no son fósiles tan vistosos, por su tamaño, tienen mucha información y constituyen pruebas esenciales en muchos yacimientos. Además de aportar la misma información que otros restos sobre dietas o patologías como malnutrición o hipoplasia –desarrollo incompleto de un órgano–, también ayudan a saber más sobre la especie y el lugar que ocupa en el árbol familiar porque, a diferencia de otros huesos, no cambian de forma con el paso del tiempo. Son como la caja negra de un avión.
La información que guardan es útil en muchas otras disciplinas. ¿cómo se relacionan con la Paleoantropología?
Los dientes guardan, por ejemplo, el código genético y son el fósil más abundante y que mejor se conserva, pero en nuestro campo no podemos valernos de ellos para estudiar el ADN porque no se conseva. Tenemos que mirar los parentescos de forma indirecta, leyendo la traducción del genoma. Al igual que en otras disciplinas, constituyen una de las partes más importantes para identificar a un individuo. Con solo un diente localizamos una especie en un yacimiento.
Hace dos días presentaron el fósil de un mono lemur que podría ser el eslabón perdido de la evolución humana, ¿qué representa este hallazgo?
Mis investigaciones se centra en el estudio del homo, desde hace seis millones de años, pero para todos los investigadores es más difícil reconstruir los huecos del árbol cuanto más atrás vas en el tiempo. Eslabón perdido es un termino confuso porque no es algo lineal, sino muy diverso; el genero homo es como un arbusto y cada rama da lugar a una especie diferente. Sin embargo, cada fósil es una gran celebración porque reconstruir la evolución humana es como componer un puzzle en el que las piezas son muy escasas. Y, aunque son importantes, hay que ir más allá y pensar en en los seres vivos. Darwin llegó a grandes conclusiones, sin un solo hallazgo, observando el paisaje.
Pero en su disciplina, cada resto puede echar por tierra una teoría...
Cierto, porque la ciencia trabaja con hipótesis y no con verdades. Un nuevo hallazgo puede hacer que haya que reconsiderar los planteamientos existentes; pero uno solo se equivoca cuando cree que ha encontrado la verdad. Hay que estar dispuesto a contrastarlo todo porque las verdades son para la religión, no para la ciencia.
Muchas universidades estadounidenses enseñan el pensamiento de Darwin y el creacionismo, ¿qué opina?
El creacionismo es un intento desesperado de elevar al sentido de la ciencia un concepto de la religión que se basa en las teorías inventadas por unos fanáticos. Hoy, ambas conviven. El creacionismo no es ni ciencia, ni religión, sino simplemente ignorancia.
¿Cómo definiría el papel de Atapuerca en el conocimiento de la evolución?
Es como una enciclopedia de la evolución porque tenemos evidencias para un millón de años. Hay restos humanos únicos en Europa que sirvieron para situar el protagonismo en este continente, que incluso tiene una especie propia, el homo antecesor.