Una manita de pintura y como nuevo, o casi… El barrio de las casas baratas de Ferrol, que agrupa 1.100 viviendas de propiedad municipal en avanzado estado de deterioro, se convertirá en una urbanización tutifruti, con fachadas pintadas en verde, naranja, granate y beige. El gobierno local socialista de Vicente Irisarri parece no creer demasiado en el dicho de que “no se puede empezar la casa por el tejado”, y ante las continuas dificultades para afrontar la rehabilitación del barrio, ha decidido comenzar por el exterior. Es decir, pintará las fachadas y reformará los aleros con una partida de 2,1 millones de euros procedentes del Fondo Estatal de Inversión Local.
Para Irisarri las casas baratas de Ferrol necesitan urgentemente “un lavado de cara”. Así que se ha encargado un estudio cromático a un grupo de arquitectos, que han decidido derrochar color e imaginación para maquillar el deterioro de Recimil y los desconchados de unas paredes que ya no se sabe si son blancas o beige. Los bajos lucirán en tono crema, y a partir de la primera planta, comenzará el auténtico baile de colores.
“No queríamos pintar todas las casas de gris fragata o de color crema, queríamos hacer un trabajo de verdad”, dice Irisarri. El pintado finalizará en seis meses y servirá también para impermeabilizar unas viviendas construidas en la década de los años 40 y catalogadas por Patrimonio como conjunto de interés urbanístico.
Pero más allá de convertir Recimil en un arco iris urbano, el pintado de las fachadas reafirma el compromiso del gobierno local con la rehabilitación del barrio. A un vecino que mostró su escepticismo sobre la recuperación de las casas baratas, Irisarri le contestó en la mañana de ayer que “habrá rehabilitación”, pero que habrá que ver si la “derecha en la Xunta de Galicia quiere ayudar al gobierno municipal”.
Y es que la sombra de la piqueta siempre ha pesado como una losa sobre la enorme urbanización. En la anterior legislatura, el PP e IF plantearon derribar todo el barrio, pero se encontraron con la catalogación que emitió Patrimonio. Tras las municipales, la rehabilitación tampoco prosperó. La Consellería de Vivenda del BNG apostó por la recuperación del barrio, a cambio de la titularidad de las casas, pero IU se negó a aceptar. La última vuelta de tuerca se produjo en la campaña electoral de las autonómicas, cuando el PP propuso derribar parte de los edificios. Ahora, mientras los vecinos de Recimil siguen esperando la rehabilitación, de 80 millones por lo menos, podrán ver el mundo, o sus casas, de otro color. n

