Los padres de un colegio coruñés creen que la encuesta es “una ?trampa poco fiable”
En el Campo de Marte de A Coruña un grupo de padres del CEIP Zalaeta, que llaman jocosamente Zaraeta porque hasta hace poco en el barrio vivía Amancio Ortega, el dueño de Zara, se reúne para hablar de la encuesta que les acaba de enviar la Consellería de Educación sobre el uso del gallego en la enseñanza. Hay bullanga de parque. El griterío que se cuela en la conversación es en castellano. “Antes mi hijo era conocido en el parque como ‘o neno que falaba galego’. Ahora, desde que está en primaria habla siempre en castellano”, se lamenta Montse Seoane, que es de Ponteceso y siempre habla en gallego. La conversación no es en gallego porque entre los padres que aceptan comentar la encuesta que les acaba de llegar está Alicia Zhurayeva, natural de Ucrania. Se queja de que no puede ayudar a su hijo con los deberes cuando están en gallego. “Yo tampoco puedo ayudar a mi hija con las clases de piano”, le suelta entre risas Ventura Gude, “o aprendo o se esfuerza ella”. Ventura habla siempre en gallego con sus dos hijos. Los dos le responden casi siempre en castellano. Lo mismo les sucede a Montse y a Gonzalo de la Torre: “Para que luego digan que la lengua que está en peligro es el gallego”.
El resto de los padres convocados son la madrileña Beatriz Flórez y las coruñesas Patricia Pérez y Ana Freire. “La encuesta que nos han hecho llegar es una trampa poco fiable”, se queja Gonzalo. “El debate no existía, lo crearon ellos. La persona que redactó estas preguntas está provocando la crispación. Es una encuesta electoral”, añade Beatriz Flórez, que es abogada y, aunque a regañadientes, no le ha quedado más remedio que aprender gallego y es de las que se muestra más combativa con que la lengua vehicular de la educación de sus dos hijos sea en gallego. “¿Y te ha pasado algo grave? Tranquila que no ocupa”, le suelta con sorna Ventura Gude.
Pero estamos con el aprendizaje de los niños y en la lengua en la que desean que le transmitan las materias. “Da igual lo que cubramos porque saldrá lo que ellos quieran”, afirma Montse Seoane. “Yo cuando fui a matricular a mis hijos pregunté si le iban a impartir las clases en gallego y me contestaron que no, pero que las circulares las recibiría en gallego”. La carcajada retumba en todo el parque. Los hijos se acercan para comprobar qué les ha pasado a sus padres. Los niños preguntan en castellano, tres padres responden en gallego.
Patricia Pérez habla siempre castellano. Vivió en Inglaterra, en donde tuvo a su hija Victoria, y es de las que va a pedir que la lengua vehicular sea el gallego. “Es que en casa hablamos en castellano, los estímulos que recibe, como los dibujos, también y no quiero que le suceda lo que me pasa a mí, que me cuesta escribir en gallego. Es una lengua más. Creo que se están confundiendo términos. No es imposición, consiste en dominar otro idioma”. “Y los niños son como esponjas”, añade Ana Freire. “Mira, yo soy de Ponteceso, mis padres me criaron en gallego y nunca tuve problemas para hablar en castellano por los libros, la tele, los periódicos. Tenemos un idioma propio que hay que conservar. Es ridículo que nos metan en peleas absurdas. Más diversidad significa más capacidad para aprender. La encuesta tiene que ser informativa. No podemos cambiar todo el sistema educativo”, subraya casi con indignación Montse. Alicia Zurayeva no las tiene todas consigo ante los argumentos que escucha: “En la antigua URSS había muchos idiomas, pero también se tenía que aprender el ruso”. “Pero por favor, es una gilipollez que el castellano esté en peligro o no se vaya a aprender”, le contestan casi al unísono.
Los padres se toman la consulta casi a chirigota. “No se van a atrever a segregar a los niños según la lengua por el dinero, aunque serían capaces de hacer reductos de gallegos”, comenta Gonzalo. “Los profesores van a ser como azafatas. ‘Queridos nenos, queridos niños, dear children”. El comentario de Montse provoca otra risotada. “Con el gallego ya habéis conseguido que el PP ganase las elecciones”. La madre madrileña provoca a sus compañeros. Después de los reproches, añade: “El problema con el gallego lo tengo yo, no el niño”.

