La capacidad de las plantas para predecir la hora, un mecanismo común a todos los seres vivos, les permite sobrevivir, crecer y reproducirse. Un equipo internacional, liderado por científicos de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), ha descrito el funcionamiento del llamado r"eloj circadiano" desde el punto de vista molecular y ha encontrado una implicación ecológica en este proceso: permite conocer de manera más precisa los escenarios del cambio climático y las cifras de CO2. Su investigación se publica en la revista Ecology Letters.
"Una hora antes de que salga el sol una planta con reloj circadiano ya sabe que es el momento de despertarse y todos los genes asociados a la fotosíntesis empiezan a activarse", dice Víctor Resco, del Departamento de Ciencias Ambientales de la UCLM.
Las plantas, explican los investigadores, captan el CO2 a través de la fotosíntesis y tienen un potencial mitigador del cambio climático. Sin embargo, en "los estudios de los ecólogos para averiguar el nivel de CO2 en los modelos, la regulación circadiana no se ha tenido en cuenta", apunta Resco.
