En las primeras reuniones de Roberto Varela como conselleiro de Cultura (Meaño, 1959) la gente se sorprendía porque sacaba una libretiña y apuntaba el nombre y el cargo de la persona con la que estaba hablando. “Al principio lo hacía porque llevaba mucho tiempo fuera y no conocía a todo el mundo”, reconoce un hombre que abandonó la cómoda plaza de cónsul en Nueva York para asuntos culturales por la dura reyerta política. Roberto Varela acaba de llegar del Consello de la Xunta y lo primero que hace es pedir un café y unas magdalenas. Confiesa que está entusiasmado con el reto a pesar de que no le queda tiempo para escuchar a Bob Dylan y a Wagner.
¿Se siente maltratado por la cultura gallega?
No. Lo que pasa es que hay un periodo de adaptación y supongo que mi llegada ha sido una sorpresa. A veces se me imputan cosas que no son verdad y creo que se me ha querido atacar por el flanco de que no conozco la realidad de Galicia, de que no soy un gallego nato y puro, pero no es cierto. He vivido mucho tiempo fuera como muchos otros gallegos, pero no me hace ni menos gallego ni menos galleguista. Lo que más me ha molestado es que se haya puesto en duda mi cariño hacia esta tierra. Estoy haciendo un sacrificio enorme viniendo aquí y no lo he hecho por ser conselleiro, ya que estoy encantado con la carrera diplomática, sino porque creo que puedo hacer algo por Galicia.
Dicen que usted no venía para ser conselleiro sino para llevar la Cidade da Cultura.
Eso no es cierto. El presidente siempre pensó en mí como conselleiro. Cuando me preguntó si quería trabajar en su equipo, pensé que era para la Cidade de la Cultura porque es donde pensaba que yo podía aportar más valor añadido. Lo entendí así porque tengo buenos contactos con el MOMA y con los museos.
¿Cuándo lo llama Feijóo?
Me llamó dos o tres semanas antes para entrevistarme con él. La entrevista fue muy bien, pero en ningún momento me dijo para qué me lo estaba haciendo. Luego me llamó a Nueva York, me hizo la propuesta y yo respondí inmediatamente que sí, sin pensarlo.
Llega y se va directamente a Palas de Rei a hacerle la pelota...
Fue muy divertido, no lo olvidaré nunca. La confirmación de que yo ya era conselleiro fue el sábado por la noche y el presidente me pidió que estuviera en Palas. Él estaba anunciando su gabinete en rueda de prensa y yo en Palas de Rei. Llegué antes y nadie me hacía ni caso, estaba por allí probando el queso. Y entonces, a las doce y media, viene un fotógrafo, empiezan a decir que soy Roberto Varela y ese momento cambió mi vida radicalmente. Me vi desbordado. Empezaron a sonar los dos teléfonos. Llegué a tener setenta llamadas perdidas. Fue una especie de locura.
Dijo que Feijóo se fijó en usted en A Coruña. ¿Cómo fue el flechazo?
Bueno, yo no sé si se fijó en mí. Lo conocí en la inauguración del edificio nuevo de Caixa Galicia en A Coruña. Fui invitado com cónsul y ahí me presentaron a Núñez Feijóo. Luego le vi un par de veces más, también en Nueva York.
¿Ya era de derechas?
¿Si era de derechas? Yo no creo que el concepto ser de derechas tenga ninguna connotación negativa. Estoy en un equipo que es del Partido Popular, soy independiente y el presidente me ha llamado como independiente. Somos dos independientes en el gabinete. Yo soy de centro, si se me quiere definir políticamente. De centro, centro-derecha. He tenido una evolución, he ido acercándome más a posturas centristas y estoy comprometido con este Gobierno del Partido Popular y como tal tengo que actuar. Ésa es una responsabilidad mía, aunque sigo siendo independiente.
¿No le ha tirado de las orejas su gran amigo Francisco Leiro?
Nadie me ha tirado de las orejas. Se sorprendieron, más que nada. Yo tenía una carrera que estaba yendo bastante bien, me iba a ir a El Cairo de consejero cultural y, de repente, se presenta esta oportunidad, que me la da Feijóo. En ningún momento se me planteó un dilema en ese aspecto. Quedó claro que yo vendría como independiente. En el tema de la cultura sí que se necesita una posición más de centro. Yo creo que el PP nunca ha llevado bien la relación con la cultura. La intención del presidente es que yo sirva un poco de enlace como independiente con un mundo al que, por algún motivo, la derecha nunca ha sabido llegar.
Cuando se conocieron Feijóo le encargó un texto. ¿Sobre qué?
Me pidió que le hiciese una especie de glosario sobre lo que yo pienso que debería ser la política cultural para Galicia. Y yo, basado en las experiencia de muchos años de gestión cultural, he visto los errores que se cometieron en el pasado y cómo se puede mejorar. Las ideas que le planteé al presidente forman parte de la filosofía de esta consellería: modernidad, internacionalización y racionalización del gasto. He visto a muchas autonomías, y no lo digo solo por la gallega, gastar el dinero infructuosamente en Nueva York. Yo quiero corregir eso. Hacer un plan más estratégico para el lanzamiento exterior. También proponía una mayor racionalización de las ayudas y del gasto, haciendo un seguimento mucho más riguroso para no ser solo una caja pagadora, donde la gente pasa una vez al año a buscar un cheque. Eso es una costumbre que se ha instaurado aquí y en todo el país. Estamos para pagar, pero también para controlar ese gasto y adónde va cada euro.
Ya que ha mencionado los errores del pasado, ¿también lo ha sido la Cidade da Cultura?
La Cidade da Cultura no fue un error, pero se construyó quizás un poco a espaldas de todos los gallegos. Construir un centro cultural, en principio, nunca es un error. Quizá el único error que se cometió es que fue concebido como un modelo estrictamente arquitectónico y por eso ha habido tantos problemas para llenarlo de contenido. Mi objetivo para esta legislatura, si puedo llegar a cumplirlo, es, en primer lugar, que todo el mundo se involucre con ella y ponerla a funcionar ya. Estamos esperando a que se cierre el plan de urbanización para que la gente pueda ir masivamente. Vamos a lanzar una campaña de publicidad para que la gente la conozca y vea lo que tenemos. La gente cambia radicalmente de opinión una vez que está dentro. La primera vez que fui me quedé maravillado. Es de los edificios más bonitos que he visto en mi vida y he visto muchos. El problema que hay en la opinión pública es que no han estado dentro. Es cierto que el edificio hay que llenarlo, pero ya lo tenemos y hay que ver cómo lo hacemos de manera racional. He pensado darle unos contenidos especiales a la biblioteca para que no sea únicamente un almacén de libros. Tiene que haber un elemento tecnológico muy avanzado de comunicación con el exterior, internet, y darle también una especialización para que la gente pueda ir a investigar. Hay que hacer varios centros de estudios, iberoamericanos, asiáticos… Algo muy dinámico
¿Ha fijado una fecha para abrirla?
La biblioteca está prácticamente en funcionamiento, con gente trabajando. Estamos con la clasificación y el archivo de los libros. En cualquier caso, se va a abrir en el Xacobeo, quizá no como biblioteca pero sí como espacio expositivo para que la gente empiece a visitarla. Es tan espectacular y el edificio tan bonito que no sería impensable la idea de visitarla vacía porque es una joya arquitectónica. Y lo mismo ocurre con el nuevo Museo de Galicia o de la Historia –no sabemos todavía cómo se va a denominar– que es un espacio increíble y también vamos a inaugurar en el Xacobeo con una gran exposición. No puedo dar los detalles, pero que ya está más o menos pensada. Va a ser una exposición única en Galicia y además histórica.
¿Fue buena conselleira su predecesora Ánxela Bugallo?
Yo trabajé con ella como cónsul en Nueva York y me pareció que en su ideología y en su programa hacía lo que tenía que hacer. Como comprenderá yo no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que se hacían, creo que había un excesivo aislamiento, había una cierta imposición de la ideología a través de la cultura y a mí me gustaría romper un poco esto. Personalmente siempre he tenido un trato muy bueno con ella y el traspaso de poderes fue ejemplar. Tengo amigos en el Bloque. No tengo ninguna relación hostil, aunque dentro de la actuación de la consellería sí me gustaría hacer algunos cambios. Prueba de que no vengo con la intención de cargarme todo es que mantengo algunas de las cosas que ellos han creado como el Festival Vía Stellae, en el que incluso se mantiene el director. Yo no vengo con la intención de cargarme nada, sino de ampliar las miras.
Se cargó a Manuel Olveira. ¿Tan mal le sentó la entrevista que concedió a Xornal de Galicia?
No, no es verdad. Yo con Olveira tengo una relación excelente. Y de hecho le ofrecí la posibilidad de continuar. Si algo he hecho bien hasta ahora, ha sido la sucesión en el CGAC. Hemos hecho un concurso internacional, ya se ha seleccionado los miembros del jurado que se anunciará el 18 de julio una vez cerrada la convocatoria, y en el tribunal estará la gente más importante que hay en España en temas de arte para asegurarme que la selección sea como Dios manda. Es cierto que la propuesta que le hice a Manuel de seguir de director durante tres meses tenía una serie de condiciones que eran continuar con la programación… Y yo acepté esas propuestas, pero entiendo que él no quisiera seguir porque es incómodo cuando sabes que viene un nuevo director. Él me pidió salir y acepté. En ningún momento hubo ningún tipo de hostilidad. El problema viene de atrás con la gente de la Asociación de Amigos del CGAC, que no tiene absolutamente nada que ver conmigo. Estuve incluso paseando con Manuel Olveira, tomando cafés… Tengo una magnífica relación, la sucesión ha sido ejemplar y no se puede envenenar eso porque no es verdad.
Lo que pedía para continuar era terminar la programación, plena potestad en las adquisiciones …
Las adquisiciones pendientes no tiene lógica que se cierren ahora sin que esté el nuevo director. Están ahí, falta el informe favorable de Patrimonio y lo dejamos todo pendiente. Si el nuevo director y la comisión de evaluación de compras dicen “queremos esto”, pues adelante. Simplemente no me parece correcto realizar un gasto de setenta millones de pesetas sin contar con la opinión del nuevo director.
¿Por qué ha entrado Ramón Villares en el patronato del CGAC y no alguien del PP?
¿Y por qué tiene que entrar alguien del PP? Queremos a gente que tenga una cierta cultura, que conozca bien Galicia y con una trayectoria que pueda servir para aportar al patronato. Yo no trabajo con siglas. Trabajo la eficacia y la viabilidad del proyecto. El museo es de todos, ¿eh?
Casi no se pone en duda su capacidad como gestor cultural, pero sin embargo dicen que tiene las manos atadas.
Eso no es cierto. Es verdad que los nombramientos se los presento al presidente, pero no he recibido ni una sola presión de nadie para cargarme a nadie. Tampoco soy idiota. Trabajo para un Gobierno presidido por Feijóo, al cual le tengo que rendir cuentas, con lo cual no hago ni un solo nombramiento sin comunicárselo antes. Pero no estoy recibiendo ningún tipo de presión. El otro día salió que yo tenía candidatos y que no… Eso no es cierto, pero ando con mucha prudencia porque soy nuevo y quiero saber los apoyos. He recibido sugerencias, pero positivas. Nadie se ha cargado un plan que yo tuviese o un nombramiento desde el punto de vista que se enfoca. Es verdad que tenía gente en mente y luego me dijeron: “Éste no es tan bueno”. Escucho a todos.
También comentan que es demasiado bo rapaz para el cargo.
A lo mejor tengo que dejar de ser tan bo rapaz y hacerme un poco malo… Tengo la gran ventaja de que soy diplomático de carrera y no me preocupa salir de aquí. Tengo un paracaídas y me da mucha comodidad. Estoy en excedencia, en servicios especiales se llama, que en cualquier momento te permite regresar.
¿Se le ha acercado mucha gente para preguntarle “qué hay de lo mío”?
Por eso no, pero sí muchos me dicen: “Tengo un proyecto para el Xacobeo”. No sé si no tendremos unos 300 proyectos. Es lógico, hay un periodo de crisis económica y la gente quiere trabajo y proyectos.
Con tanto proyecto sabrá qué va a hacer con el Xacobeo…
El Xacobeo está yendo muy bien. No debo de decirlo yo, pero es la verdad. El Xacobeo es el gran reto que tengo delante y es muy importante porque está en juego la economía y el trabajo de mucha gente. Le estamos dedicando un esfuerzo enorme, estamos en la recaudación de patrocinios, que me está sorprendiendo de lo bien que va, y el 20 de octubre anunciaremos parte de la programación. No toda, evidentemente, porque el mercado de artistas de música pop y rock se hace en diciembre, pero las líneas generales estarán listas. También estamos cuidando el aspecto turístico y hotelero. Lo principal es atraer a caminantes con una filosofía distinta, adecuada a los tiempos de crisis que estamos viviendo, para plantear una alternativa a los viajes internacionales de los últimos años , como alternativa austera y con una filosofía de viaje interior y espiritual. Algo para que la gente deje de viajar al Caribe a lo bestia y haga un camino iniciático, espiritual, más austero. Queremos atraer a un turismo de calidad, refiriéndome al potencial de gasto.
¿Está mejor el Xacobeo en la Consellería de Cultura que en la Industria?
Sí. El turismo gallego es esencialmente cultural, sobre todo para el mercado estadounidense y europeo, que no viene por las playas.
¿No le gustaba el nuevo logo para cambiarlo tras invertirse 200.000 euros?
No es que no me gustara, sino que no se conocía. Es un logo que no tenía ningún enganche con el público. Creo que fue un error muy grave por parte del equipo anterior cambiar el logo que llevaba muchos años y era fácilmente reconocible. Tenía una índole más relacionada con Galicia como marca, tenía las conchas... El nuevo logo me parece casi industrial, sin ningún carácter espiritual o gallego. Hay 40.000 parecidos. Una empresa de ultramarinos tiene un logo muy parecido.
Habla de la espiritualidad del Camino. ¿Cree en Dios?
¡Dios mío! Supongo que sí. Esa es la respuesta correcta. Si no creyera tendría un problema porque es mucho más difícil no creer en Dios que creer. Lo digo hasta por comodidad. No creer en Dios supone un ejercicio muy fuerte. Decir que no crees en Dios es más bien una pose. Si Dios no existiera, habría que inventarlo. Pero ojo, no hay que confundir lo espiritual con lo religioso. Yo incido en lo espiritual. Al hecho religioso no le presto una excesiva atención.
También le competen las relaciones con la Iglesia y usted con los curas acabó mal de estudiante.
(Se ríe) Vamos por partes. La relación con la Iglesia como institución, en lo que respecta a Cultura, Patrimonio y Turismo, son excelentes. Otra cosa es que yo sea religioso y vaya a misa, que forma parte de mi vida privada. Es verdad que yo estudié en un colegio de curas, pero eran de La Salle. Fue una experiencia traumática para mí. Aprendí muchas cosas, parte de mi formación básica viene de ahí porque tenían un teatro en el que se ponían ciclos de cine que yo aproveché saliéndome un poco del circuito La Salle. Alquilaban el teatro para cosas que se hacían desde fuera. A los trece, catorce y quince años vi todas las obras que se hacían, vi Terror y miseria del III Reich de Brecht, vi los ciclos de Buñuel, de Visconti y eso es la base de mi cultura. Le estoy agradecido, otra cosa es que yo no esté de acuerdo con la educación religiosa.
Usted habla español, inglés, alemán, francés y gallego. ¿En gallego le cuesta más?
No, hablo mejor el gallego que el alemán. Bueno… El alemán lo hablo muy bien porque viví mucho tiempo allí y tengo el título de profesor. El gallego lo practico mucho más porque con mi familia solo hablo gallego y con parte de mis amigos también.
¿A qué se debe entonces la teima del PP para cargarse el gallego?
Yo no voy a entrar en eso. No tengo la intención de cargarme el gallego y ése es un sambenito por el que tengo que protestar. Ahora bien, la cultura gallega no solo es la que está en gallego. También hay cultura gallega hecha en castellano y éste es un país bilingüe oficialmente. Mi deber y mi obligación es proteger el gallego como idioma minoritario. El 99% de las cosas que hacemos aquí están en gallego. Siempre que hablo en público lo hago en gallego. Siempre. Que es un gallego de las Rías Baixas, que es verdad que no está completamente normalizado, pero es auténtico. Mi idioma materno es el gallego y yo tuve que ir a Zamora a aprender el castellano porque si no mi familia pensaba que no tenía futuro. Y eso es lo que está en la mentalidad de muchos gallegos. Ése fue el motivo por el que me castellanizaron en mi época, y estamos hablando de los años 60. Tenía seis años cuando me mandaron a casa de unos amigos de mis padres y en un verano volví todo señorito. En mi familia siempre hablan en gallego. De hecho, mi madre no habla ni una sola palabra en castellano.
¿No cree que estamos privando a los niños de que sean más listos que sus padres para que no tengan ninguna dificultad a la hora de escribir en gallego?
Hablar dos idiomas es mucho mejor que uno y hablar tres, mejor que dos.
¿Hay unanimidad en que se ha creado un conflicto que no existía?
No veo el conflicto por ningún sitio.
40.000 personas se manifestaron lloviendo en Compostela…
Pero eso es una manifestación política. No tiene nada que ver con el gallego. El gallego lo estamos protegiendo desde la Xunta. Siempre se ha hecho. La ley del gallego es de la época de Fraga. No nos engañemos. Y por parte de la Consellería de Cultura mi misión es proteger el patrimonio de Galicia, incluida la lengua. No vamos a hacer nada que vaya en contra de eso. Otra cosa es recuperar a autores que han estado marginados por ese tema. Valle-Inclán es tan gallego como lo puede ser cualquier otro. Y ha escrito en castellano. ¿Quién puede poner en duda su galleguidad? He visto ahora en Nueva York Divinas Palabras y es impresionante, pura Galicia.
¿Está diciendo que se va a subvencionar literatura y cine en castellano?
Eso lo tenemos que determinar. Un bien cultural gallego es evidente que es en gallego, pero también hay que dar la oportunidad a los que trabajan en otro idioma y que sean gallegos. No podemos discriminar a una película realizada en Galicia por gallegos por estar hecha en castellano. Es que no veo cuál es el problema. De lo que se trata es de crear puestos de trabajo y de industrializar la cultura de este país. No podemos limitarnos a lo que hay en este momento.
En la entrega de las Medallas Castelao se ausentaron el presidente de la Academia y el del Consello da Cultura, que estaban en Trasalba en un homenaje a Beiras. ¿Les preocupa que les hayan dado la espalda?
Yo no pude ir a Trasalba porque llegué de estar en Sevilla con lo de la Torre de Hércules y fui a las Medallas Castelao porque es un premio de la Xunta. Pero envié al director xeral. No puedo estar en todas partes.
Lo digo por ellos. ¿Le preocupa?
Sí, puede llegar a preocuparme que se produzca ese tipo de malentendido. Tengo una excelente relación con el presidente de la Academia y con Ramón Villares. Espero que no se malinterprete. Yo estaba aquí y envié…
Pregunto por la ausencia de Barreiro y de Villares en las Medallas Castelao.
Yo en eso no puedo entrar.
¿Ha habido un pacto de no agresión?
No, que yo sepa. De hecho, creo que fue Baltar también. No veo conflicto. Ha habido una coincidencia de día.
¿Qué va a pasar con el audiovisual?
Vamos a unificarlo, estamos trabajando en ello. Sé que la gente está muy impaciente por conocerlo, pero de lo que se trata y ya hemos consultado a todos los sectores, el clamor es que se unifique para que no haya la dispersión de ahora. Se va a unificar, pero todavía no puedo adelantar dónde, pero no va a ser en el Agadic. Va a ser un organismo propio que va depender de todos.
¿Cree que el audiovisual tiene que ponerse las pilas para ser rentable?
Sí, tiene que ponerse mucho las pilas. Estuve viendo cómo funciona el audiovisual con el tripartito en Cataluña y tienen un sistema que, sin ser perfecto, se aproxima a lo que nosotros queremos. Vamos a exigir un mayor rigor a la hora de presentar los proyectos y su viabilidad.
En su primera comparecencia en el Parlamento no lo acompañó nadie de su partido. ¿Le sentó mal?
No, ni pensé eso. Los que me dejaron solo fueron los diputados de la oposición cuando tenía que contestar una pregunta parlamentaria sobre el Xacobeo. Entiendo que el Xacobeo les interesa bien poco.
¿Se rió alguna vez con las meteduras de pata de Pérez Varela?
No sé si son ciertas, pero desde luego me hicieron alguna gracia.

