No hubo lágrimas ayer en el puerto de Vigo cuando 2.000 personas se subieron por primera vez a bordo del Splendida. Las maletas que llevaban no estaban llenas de los recuerdos de una vida ni atrás quedaba una tierra a la que dificilmente volverían a ver. No era el de ayer en la Estación Marítima de Vigo un trasatlántico lleno de emigrantes gallegos hacia Sudamérica sino un crucero de turistas hacia el Mediterráneo. La estampa, hace tres décadas, cuando se produjo el último y ya lejano precedente del embarque de ayer, hubiese sido bien distinta.
Vigo recibe cada año más de cien barcos llenos de turistas, pero son barcos fletados casi todos desde el Reino Unido con pasajeros embarcados, en la mayoría de los casos, en Southampton, principal puerto de partida de los cruceros por la Europa atlántica. El de ayer, por contra, fue el primero en el que el grueso de su pasaje inició la travesía en Vigo. Y eso, que un trasatlántico se llene en Vigo de viajeros, no sucedía desde los años 70, cuando dejaron de prestar servicio los últimos grandes barcos de la emigración.
PUERTA DE AMÉRICA
El de Vigo fue, desde finales del siglo XIX, uno de los principales puertos españoles de salida de emigrantes hacia Sudamérica. Aquellos primitivos barcos, que al principio fondeaban en mitad de la ría por la inexistencia de atraques suficientes, comenzaron embarcando su pasaje a través de lanchas auxiliares hasta que se construyó a finales de los años veinte el actual muelle de trasatlánticos. La Estación Marítima, tal y como se conoce hoy, todavía debería esperar unos años más, hasta 1951. Pero poco tiempo fue el que trabajó ese edificio, con aduana y espacios sanitarios, al máximo de sus posibilidades, ya que en las décadas siguientes comenzó a descender la emigración a Sudamérica, sustituida por Suiza o Alemania.
Antes, durante los años de esplendor, en las tres primeras décadas del siglo XX, fueron cientos de miles los gallegos que se embarcaron hacia un destino incierto. En 1913, el año con mayor movimiento de buques, pasaron por la ría de Vigo 733 trasatlánticos, frente al poco más de un centenar de la actualidad. Aquel año, en el que llegó a haber días con seis barcos atracados, partieron de Vigo 44.000 emigrantes.
Un año después, en 1914, con buques mayores, se registró el máximo de viajeros, con 59.690 emigrantes salidos a través del puerto de Vigo. Eran épocas en las que hasta una quincena de las principales navieras de Europa tenían delegaciones en Vigo.
LOS ÚLTIMOS AÑOS
Tras la Segunda Guerra Mundial, con los progresivos cambios en las migraciones, ahora orientadas hacia Europa, el número de viajeros del puerto de Vigo comenzó a descender, a la par que lo hacían las compañías trasoceánicas.
En 1968, por ejemplo, cuando el avión comenzaba a competir con el trasatlántico, los precios del barco todavía eran aún más baratos que los del billete aéreo. Buques ya mixtos, de pasaje y carga, como el Cabo San Vicente o el Cabo San Roque, de la compañía Elmar (Empresa de Líneas Marítimas Argentinas) eran entonces de los últimos que hacían las travesías entre Buenos Aires y Vigo por unas 28.000 pesetas. Ya habían pasado antes por el puerto de Vigo otros nombres como el Begoña, el Montserrat, el Santa María o el Arcadia.
En aquella época, en un barco similar, llegó a Vigo desde la capital del Río de la Plata Daniel R. Vázquez. De su viaje recuerda que “el barco tardaba quince días, y hacía escala en Santos (Brasil) y Las Plamas, y los pasajeros, para que nos saliese un poco mejor la travesía, bajábamos a tierra y comprábamos café; yo traje varios kilos para España”.
Aquellos viajes, en los años 60, ya no eran las penosas travesías de los emigrantes de dos décadas antes. Daniel recuerda también que “durante los quince días que duró el viaje pasábamos el tiempo en la piscina, en el bar, el restaurante, la biblioteca o jugando en la cubierta”. Y es que aquellos últimos barcos de pasaje “incluso tenían un cine y una pequeña sala de fiestas”.
Aunque ya no producían los movimientos de masas de antes, todavía siguieron partiendo y arribando trasatlánticos a Vigo hasta bien entrada la década de 1970, cuando el avión terminó por sustituirlos por completo. El propio Daniel recuerda que dos años después de su viaje de ida hacia España ya hizo la vuelta a Argentina en avión. Entonces, los barcos dejaron de embarcar pasajeros en Vigo. Hasta hoy.
EL 'QUEEN MARY 2' EN 2004
Desde los 70 y hasta el gran embarque de los 2.000 viajeros de ayer, por el camino, en agosto de 2004, ya se había dado un paso intermedio. Fue cuando el Queen Mary 2 embarcó en Vigo 103 pasajeros. Entonces, el barco partió de Southampton y la de Vigo no era más que una escala intermedia en la que “también” subieron cruceristas. Ayer, por contra, la de Vigo fue la salida de la singladura.
Por ello, y para atender correctamente a los cruceristas, la Estación Marítima ha tenido que transformarse en un “aeropuerto”, con sus correspondientes espacios de facturación de equipajes, controles de seguridad, etc. Incluso se habilitó una sala con una veintena de mostradores de embarque y se instalaron varios arcos detectores de metales. Fue un despliegue mucho mayor que el necesario hace cinco años para atender entonces a un ciento de viajeros. Ayer, con dos millares, el puerto necesitó de refuerzos de la Guardia Civil y de la atención de buena parte del personal portuario. El saldo positivo de todas las operaciones hacen presagiar que este tipo de embarques masivos en Vigo dejarán de ser excepcionales y, aunque no vuelvan a la periodicidad perdida en los 70, contribuirán a consolidar al puerto como uno de los cinco principales destinos de cruceros de España.
En esa clasificación son las cifras las que mandan y las que indican que por Vigo pasaron en 2008 un total de 109 cruceros con más de 300.000 personas a bordo, entre cruceristas y tripulación, que se habrían dejado en la ciudad, según las estimaciones, de 18 a 20 millones de euros.
Para este año se espera mantener el mismo número de barcos, algo más de cien, pero incrementar el total de pasajeros. Y es que los barcos cada vez son más grandes, por lo que la tendencia será a que menos barcos hagan menos escalas pero cada vez con más pasajeros a bordo.
Tras un día de inusual ajetreo en el puerto, el Splendida partió de Vigo a primera hora de la tarde. Su destino no era la tierra prometida de Sudamérica, pero seguro que sus tripulantes levantaron amarras con similar sensación de esperanza.

