El último episodio de vertidos provocados por una depuradora es el de esta semana en el río Verdugo, a su paso por Ponte Caldelas. Ayer, la Asociación pola Defensa da Ría presentó una denuncia en el juzgado de Pontevedra para que se busque responsabilidad penal por el caso. La EDAR del municipio sufrió la rotura de una pieza que derramó al cauce cloruro de aluminio diluido al 18%, por lo que desde el Seprona aseguraron que se trata de un “auténtico desastre”, por el que la pesca podría verse paralizada durante años. Además, el vertido provocó la prohibición del baño en el curso fluvial, si bien el delegado de la Xunta en Pontevedra, Xosé Manuel Cores Tourís ‘escurrió el bulto’ el viernes, asegurando que las playas fluviales de la zona son “alegales”. Otras localidades gallegas carecen a día de hoy de depuradora. Es el caso de Baiona, Ribeira, Corrubedo o Ares, entre otras. Tres están en marcha, y otra espera por el informe ambiental.
