La localidad pontevedresa de Vilagarcía de Arousa podría plantearse seriamente exportar su tradicional Festa da Auga, que se celebra todos los años por San Roque, al municipio valenciano de Buño. Lo suyo sería hacerla al día siguiente de la fiesta de la Tomatina, que tiñó ayer de rojo las calles de la localidad.
Más de 45.000 personas asistieron a una celebración cuya previsión de público por parte del ayuntamiento no superaba los 40.000 asistentes. Tras la guerra de tomates, los servicios sanitarios atendieron tan solo a 22 personas, la mayoría por contusiones y cortes leves, según fuentes de la Consejería de Sanidad.
DURANTE TRES DÍAS
Al grito de “¡Tomate!, ¡tomate!”, los 45.000 participantes se lanzaron las 125 toneladas de esta verdura que repartió el Ayuntamiento para unas fiestas que, en esta edición, se han prolongado durante tres días.
El alcalde de Buñol, Fernando Giraldós, valoró la edición de este año porque “ha venido incluso más gente que el año anterior”. “Los participantes se lo han pasado muy bien y ya estamos pensando en el año que viene”, subrayó.
Asimismo, destacó “la gran afluencia de gente de todos los países” que acudió a la cita anual “gracias a internet y a los medios de comunicación que muestran una imagen divertida de la fiesta”.
“Es bueno que la fiesta repercuta en el pueblo; gracias a la Tomatina, Buñol es conocido en todo el mundo”, incidió el regidor, quien destacó que se espera “seguir mejorando” para ofrecer “servicios y seguridad a todos los asistentes y que, de esta forma, puedan divertirse de una forma segura como hasta ahora”.
MÁS DE MEDIO SIGLO A TOMATAZOS
Esta tradicional batalla de tomates se celebra desde hace 64 años y se enmarca en los actos propios de las fiestas patronales del municipio, dedicadas a San Luis Beltrán y la Virgen de los Desamparados.
La marea roja de los tomates se esparce por las calles hasta las doce del mediodía, justo cuando suena el segundo chupinazo que señala el fin de la batalla. Los vestigios de la guerra de tomates desaparecen en poco tiempo, dejando el pueblo limpio y listo para continuar la fiesta. Al final, puede que no haga falta el agua de Vilagarcía...

