Hasta el momento, la teoría aceptada entre los investigadores era que los individuos se comunican a través de cartas y correos electrónicos por la necesidad humana de contestar a otras personas.
Sin embargo, según este estudio, que se publica en la revista Science, el ser humano se comunica sobre todo de forma aleatoria, en función de su propia naturaleza y "algo de casualidad".
En su análisis de la correspondencia, este equipo de investigadores identificó un mismo patrón de conducta, extrapolable a los correos electrónicos.
En el modelo establecido intervienen los ritmos biológicos y factores de repetición, según el CSIC.
"Es más probable que un individuo continúe escribiendo correos electrónicos una vez que ha escrito el primero, para usar su tiempo de forma más racional", como "cuando vamos a un centro comercial, que compramos varias cosas para aprovechar el viaje", según Daniel Stouffer, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana (Sevilla).
En este proceso participa, además, otra variable: los cambios que se producen a lo largo de la vida.
En este sentido, los autores han destacado cómo aumentó el ritmo de correspondencia de Einstein tras la publicación de la Teoría de la Relatividad.
"El modelo es casi completamente aleatorio, nos levantamos y nos acostamos a horas predecibles y, sin embargo, en ese intervalo de tiempo escribimos cartas o correos electrónicos en cualquier momento", ha resumido el investigador del CSIC.
En su opinión, identificar y crear modelos para predecir los patrones de la actividad humana tiene múltiples ramificaciones y aplicaciones, desde la predicción de la expansión de enfermedades infecciosas hasta la optimización de recursos.
"En el caso de nuestra investigación, conocer cuándo y por cuánto tiempo escriben las personas puede resultar de gran interés para las empresas de telecomunicaciones a la hora de ajustar sus sistemas en momentos de alta y baja demanda", ha indicado Stouffer.
Si otras acciones humanas fueran igualmente aleatorias, resultaría complejo establecer modelos para fijar tratamientos médicos u optimizar recursos, según los investigadores.

