Es como los accidentes de tráfico: siempre les pasan a otros. Pero las enfermedades mentales están entre nosotros y, por lo que parece, han venido para quedarse. Al igual que sucede con el juego de la ruleta rusa, hay una opción contra seis de ser uno de los afectados. Así lo aseguran los especialistas, que han alertado estos días del aumento de estas patologías en España, además de solicitar que se ponga fin al estigma social que supone ser uno de los que las sufren.
Los expertos insiste en acabar con los estereotipos que existe en torno a este problema, puesto que alimentan el estigma y la discriminación. “No hace muchos años que la enfermedad mental era un asunto privado, llevado con vergüenza por las personas afectadas y sus familiares, vergüenza alentada por el miedo, la ignorancia y los prejuicios de una gran parte de la población”, denuncian desde la Federación Española de Asociaciones de Rehabilitación Psicosocial (Fearp). Algunos lugares comunes incluso alimentan las presiones para “retomar modelos asistenciales custodiales”, denuncian, en los que “prima la hipotética protección de la población frente a los locos peligrosos que las necesidades asistenciales de las personas afectadas”.
MAYOR INCIDENCIA
Por su parte, la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (Fepsm) alertan de que estas enfermedades son poco conocidas “socialmente” y están aumentando. La buena noticia es que no existe un incremento de los trastornos mentales graves, aunque de otros más comunes sí que se ha constatado una mayor incidencia, tanto en la Atención Primaria como en la especializada.
De hecho, durante la última década, la ansiedad o la depresión han crecido hasta ocupar el 40 o el 50% del tiempo de los psiquiatras al día”, según asegura el presidente de la SEPB, el profesor Julio Bobes.
Las principales causas de este incremento en el número de enfermos de estas dos afecciones son “las dificultades sociales, socioeconómicas y sociolaborales”, ya que son trastornos que vienen desencadenados en gran medida por factores ambientales. “No se trata de problemas mentales graves pero sí discapacitantes que generan una gran prevalencia de las incapacidades temporales y del sufrimiento familiar”, señala Bobes.
Además de la depresión y la ansiedad, existe otra patología que está en alza y que afecta, sobre todo, a los más jóvenes: los trastornos del control de impulsos. Según el profesor José Giner, presidente de la Fepsm, esto se debe “al sistema educativo y cultural tan permisivo” de la sociedad actual “en el que se le recuerda al adolescente cuáles son sus derechos, pero no cuáles son sus deberes”.
Pero, aunque los enfermos son cada vez más, no sucede lo mismo con los profesionales. Estas entidades aprovecharon el Día Mundial de la Salud Mental para alertar sobre la falta de profesionales de Psiquiatría en España. En comparación con Europa, la tasa es de 5,5 psiquiatras por cada 100.000 habitantes mientras que a nivel europeo es de 15 profesionales por 100.000 habitantes.
AUMENTO DE LA DEPRESIÓN
La depresión es una de las enfermedades mentales que más se han incrementado durante los últimos años. Según los especialistas, una de cada siete personas la sufre actualmente en España. Aunque no es uno de los males más graves, resulta lo suficientemente relevante como para que la Federación de Asociaciones de Personas con Enfermedad Mental y Familiares (Feafes) haya llamado la atención sobre el asunto. Según el presidente de la fundación, José María Sánchez Monge, es “una patología importante”, que la sociedad “ha banalizado” en numerosas ocasiones.
“Si se trata adecuadamente, y tiene un buen diagnóstico, generalmente tiene un buen resultado, pero hay que detectarlo”, avisó Sánchez Monge para quien, además de los medicamentos, el tratamiento a las personas con depresión debería incluir siempre “una parte psicológica” o de tratamiento con el especialista.
Desde Feafes aseguran que, “como todos los trastornos” de salud mental, afectan cada vez a más personas, por lo que resulta fundamental reconocer cuál es exactamente la gravedad. “Si no se diagnostica pronto, puede generar graves problemas”, advierten los responsables de esta asociación.
José María Sánchez Monge recordó que, además de los fármacos y la atención psicológica, los amigos y la familia “pueden ayudar” mucho en la recuperación de estos enfermos. En primer lugar, “comprendiendo el problema”, informándose de cómo funciona esta patología y, en segundo, ofreciendo su apoyo a la persona que pasa por un episodio de depresión.