La 'Miss sin techo' belga logra como premio un año de alojamiento gratuito

La iniciativa de Bruselas ha abierto una oleada de críticas debido a la ética de este tipo de certámenes
Eliseo Oliveras Actualizado 01/11/2009 - 16:33 h.
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Un año de alojamiento gratuito. Éste es el premio que ganó el pasado fin de semana Thérèse Van Belle, galardonada como la primera y, seguramente, última Miss Sin Techo de Bélgica, un certamen inaudito y controvertido, que ha sido criticado con dureza por algunas personas que tienen la desgracia de vivir en la calle, mientras que para otros ha representado la esperanza de una vida mejor. La condición para poder participar en el concurso era demostrar una firme determinación de querer abandonar la vida en la intemperie y reintegrarse en la sociedad.

Van Belle es una mujer de 58 años, sin domicilio fijo, de la zona de Schaerbeek (Bruselas), de aspecto frágil y que ha sufrido la dureza de la vida en la calle. Van Belle impresionó a los organizadores del concurso, la asociación Artefix, por “su voluntad de cambiar de vida”, imponiéndose con claridad sobre las otras diez participantes. Ajena a la polémica desatada por el certamen, Van Belle mostró con satisfacción la llave de su nuevo domicilio a las 300 personas que asistieron al acto, tras obtener este galardón sin precedentes.

CRÍTICAS VIRULENTAS

El polémico concurso fue puesto en marcha el pasado mes de febrero para “intentar sensibilizar a la gente sobre las causas y consecuencias de la vida en la calle”.

Pero la iniciativa desencadenó de inmediato una ola de virulentas críticas –“indecencia”, “explotación de la miseria”, “hipocresia social”– que se ha prolongado a lo largo de todos estos meses y que ha decidido a sus organizadores a no convocar una segunda edición del certamen.

“El sábado por la noche, después del concurso, decidimos que no habría segunda edición de Miss Sin Techo, explicó Aline Duportail, antigua dama de honor de Miss Flandes Oriental, y promotora del certamen junto a su madre, Mathilde Pelsers, una mujer activa en el mundo de la solidaridad social bruselense. “Nunca volveríamos a tener un grupo semejante de participantes; es inútil intentar hacerlo mejor, quedaríamos decepcionados”, añadio Duportail como justificación.

El acto final del certamen se desarrolló en la Tour et Taxis, antiguo edificio de la aduana de Bruselas junto al canal, donde las diez candidatas se sometieron a los tradicionales desfiles y preguntas del jurado que acompañan los concursos de belleza tradicionales. En esta ocasión, se desarrollaron cinco desfiles, dos de ellos con traje de noche.

Van Belle resultó la galardonada sobre todo por su actitud y su determinación, según reconocen los organizadores. “Ella era sin duda la mejor, sobre todo cuando se expresaba. Era muy hábil, demostraba una firme determinación”, destacó Duportail. “Nos dimos cuenta durante estas semanas de que ella era quien impulsaba y llevaba al grupo. Tiene un deseo enorme de conseguir un cambio y de arrastrar a las otras por el mismo camino”, añadió.

Aunque solo hubo una ganadora, los organizadores decidieron premiar también a las otras participantes con menciones especiales por los esfuerzos realizados por su imagen, su simpatía, su condición social o la energía mostrada. “Vamos a intentar ayudar a todas a encontrar también un alojamiento estable”, aseguraron Duportail y Pelsers.

PROBLEMA CRECIENTE

La crisis económica ha acentuado el problema de las personas sin domicilio fijo en Bélgica y, en especial, en la capital. Al colectivo formado por las personas a las que la vida ha dejado en la cuneta, se suman inmigrantes sin papeles que no logran encontrar una actividad remunerada y un techo donde protegerse.
Las estaciones de tren de la capital, en especial la estación de Midi, sirven de refugio provisional durante la jornada a muchas de estas personas sin domicilio fijo (SDF, en la denominación francesa).

Pero, al llegar la medianoche, si no han tenido la precaución de comprar un billete de tren para la mañana siguiente (aunque sea para los alrededores) que les autorice a permanecer en la estación cuando cierra sus puertas, son expulsados sin contemplaciones a la calle por los guardias de seguridad y por la Policía, aunque afuera esté lloviendo o nevando.

Un recuento realizado por asistentes sociales cifró en cerca de 1.800 el número de personas sin techo que viven en Bruselas, de los cuales 262 duermen literalmente en la calle y otros 212 se procuran cada noche un refugio precario.

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