Cuando días atrás Cuauhtémoc Blanco marcó a la selección de El Salvador el gol que clasificaba a México para el Mundial de Suráfrica 2010, el estadio Azteca, la capital y el país entero estallaron en un grito que lo estremeció todo. Quizás ese grito fue también la consigna.
Millares de policías ocuparon los locales de Luz y Fuerza del Centro (LFC) para que nadie pudiera accionar palancas interruptoras. En vista de “la comprobada ineficiencia operativa y financiera del organismo”, el presidente de México, Felipe Calderón, decretó con nocturnidad la liquidación de la compañía que surtía de electricidad a más de 20 millones de habitantes del centro del país. No se fue la luz. De momento. Y el gran estadio entonó el nombre de Cuauhtémoc –en náhuatl, el águila que cae– como homenaje y casi despedida a un futbolista que ya juega medio retirado en EEUU. (El aficionado solo le critica que dejara escapar al bombón televisivo Galilea Montijo, igual que el entrenador, Javier el Vasco Aguirre, le retrae con cariño que “sea un pedote”).
Al mismo tiempo, esa medianoche Calderón borró de un plumazo LFC, un agujero negro por el que se iban 2.000 millones de euros al año. Claro que, de entrada, dejó en la calle a 46.000 trabajadores que, junto con 20.000 prejubilados, forman el clientelista y mafioso Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). La semana pasada, acabaron de desquiciar la capital con manifestaciones apoyadas por gran parte de la izquierda; una, con 200.000 personas. “Casi la mitad de las bombillas y aparatos eléctricos que se encienden diariamente lo hacen con energía eléctrica robada”, había confesado el exdirector de la Luz y Fuerza del Centro, Jorge Gutiérrez, desesperado ante la proliferación de diablitos –esos cables o acometidas que se cuelgan de las líneas de transmisión–, las instalaciones clandestinas caseras o masivas, las “huelgas de pagos” y hasta la deficiente lectura y facturación de la propia empresa.
“Su situación financiera era insostenible, sus costos de operación eran casi el doble que sus ingresos”, señaló Felipe Calderón en una de las muchas explicaciones que tuvo que dar al país.
De momento, se hace cargo de las labores de LFC la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que lleva la luz a 80 millones de mexicanos, también tiene que clasificar como adeudos miles de millones de euros, y lidia y negocia con barrios y pueblos enteros que de punta a punta del país crecen bajo impresionantes, densas y peligrosas telarañas de cables eléctricos.
HASTA ONCE HORAS SIN LUZ
Los pequeños sabotajes y las grandes averías provocan estos días escalofríos en el corazón del país, y los empresarios del norte de la ciudad denuncian que 760 industrias ya han tenido que parar su producción hasta once horas diarias por falta de electricidad.
El sufrido chilango, o capitalino, vive pendiente de que no se vaya la luz y se apague el regri (nevera), la compu (ordenador) o la tele, mientras el país se adentra en un otoño huracanado, con un tal Rick por el Pacífico y a 500 infectados diarios –algún día, 1.000– por el nuevo virus gripal.

