La demanda de la píldora poscoital en las farmacias españolas se ha “cuadruplicado” desde que, a partir de la primera semana de octubre, su dispensación se lleva a cabo sin necesidad de receta médica, según afirmó ayer el presidente del grupo Cofares, Carlos González Bosch, durante la presentación del primer programa de actividades del Instituto de Formación Cofares (IFC).
En palabras del presidente de la mayor distribuidora de medicamentos a nivel nacional, este incremento en las ventas de la píldora poscoital es “escandaloso” y, tanto los poderes públicos como la sociedad, “deberán reflexionar sobre si éste es el objetivo que perseguían” cuando materializaron la modificación legislativa que permite comprar el fármaco directamente en las farmacias, sin necesidad de receta médica.
La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, justificó en su momento esta medida en la necesidad de “facilitar la accesibilidad” al medicamento y contribuir a la reducción de embarazos no deseados en jóvenes y adolescentes, insistiendo siempre en que se trata de un método anticonceptivo de “emergencia”.
En opinión de González Bosch, este “incremento inesperado” de las ventas puede deberse, según González Bosch, a que “había una demanda insatisfecha” que ha salido a la luz al no tener que acudir las jóvenes a un centro médico para adquirir la píldora, o que “el cauce de venta” existente hasta el 28 de septiembre “no se adecuaba a la realidad”. Por ello, y ante esta actuación “muy sorpresiva y rápida” del Ministerio de Sanidad, el presidente de Cofares ha argüido que ésta es “una cuestión ciertamente singular que debe analizarse” por quienes la promovieron, las organizaciones sociales y los ciudadanos en general.
Por su parte, la presidenta del ICF, Yolanda Tellaeche, subrayó la “descoordinación” y la “falta de previsión” del Ministerio de Sanidad y Política Social ante este aumento de la demanda. “A 28 de septiembre no teníamos ninguna información que ofrecer a nuestros clientes”, afirmó Tellaeche. A pesar de que el plan del Gobierno incluía la distribución de folletos y el papel formador del farmacéutico a la hora de vender la píldora. Sin embargo, según Tallaeche, “cada farmacéutico se tuvo que buscar la vida como pudo” para atender las dudas de los interesados.

