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Se habla de la vida como algo que pasa lejos, que nunca nos toca. Lo cierto es que la vida pasa cada segundo en cada esquina. Por una cafetería coruñesa pasaron esta semana, de un plumazo, cuarenta años de vida detrás de una plancha. Fina –Finuca, como se la conoce– y Geli entran puntuales a su cita y reconocen antes que a nadie al fotógrafo. “Tu eres del periódico, ¡anda que no me sacaste tu fotos este año!”.
No es para menos. Fina Deza y Geli Gestal protagonizaron hace meses muchas portadas. Como ellas, otros centenares de mujeres –también hombres, pero en un porcentaje mucho menor– se dejaron el aliento día tras gritando para conservar sus puestos de trabajo. No gritaron en vano, pese a que hoy no tengan trabajo.
Tras 40 y 20 años respectivamente trabajando en Caramelo, la crisis económica, una “mala gestión” de los responsables y quizás, la desidia, dejaron a estas mujeres, junto a otras 235 personas, sin el trabajo en el que habían invertido sus vidas.
“DESDE LOS 15 AÑOS”
Fina, Finuca, entró en una fábrica llena de perchas, telas, agujas y planchas con sólo 15 años. Desde entonces y hasta hoy, nada menos que 39 años después, ha dedicado su vida a planchar. Una prenda por minuto es su ritmo habitual. “Era cansado”, reconoce. Pero lo echa de menos. Se le ve en la cara y no lo niega.
La despidieron tras un encierro de los trabajadores en la planta de Caramelo en A Grela, acusada de causar “desperfectos”. Ella mantiene que no tocó nada pero sabía que, antes o después, llegaría su turno.
Pero Finuca no se dió por vencida a la primera adversidad. Al día siguiente volvió a la factoría de A Grela, “pero no a trabajar, a hablar con las compañeras”. Aguantó una semana más. Siete días de los que habla con cariño y de los que guarda, dice, “un buen recuerdo”. “No trabajabámos, nos íbamos a los baños a hablar, a especular con lo que pasaría en la empresa a la que había dedicado ya toda su vida. “Es imposible no tenerle cariño a tu casa, al final tus compañeros de trabajo son también tu familia”, reflexiona.
Para Geli, sin embargo, su salida de Caramelo no duró tanto. El mismo en que le comunicaron su cese en la empresa –también por los desperfectos que ella niega haber cometido– pidió una baja laboral “para no tener que volver” a su puesto de trabajo hasta que el despido fuera efectivo.
LA CABEZA ALTA
Geli se fue en ese mismo momento a su casa, pero Finuca volvió a Caramelo “con la cabeza muy alta”. No tenía nada de que avergonzarse, dice segura de sí misma. “Yo estaba muy tranquila y muy orgullosa, volvería a hacerlo ahora mismo, no creo que puedan decir lo mismo los que mandan en la empresa, o los que orquestaron los despidos del personal”.
Hoy, cuatro meses después de la aplicación del ERE de Caramelo,Finuca y Geli ven pasar la vida desde su casa. Cobraron su correspondientes indemnización (32 días por años, hasta 20 trabajados. Fina perdió dinero, otros tantos años sin cobrar) y tienen dos años de paro.
Frente a eso tienen, respectivamente, 55 y 42 años, 2 y 1 hijo y muchos días por delante con sus 24 horas. A Finuca se le hacen eternas. Dice que fue muy duro salir de Caramelo a sabiendas de que no volvería nunca. Pero lo peor estaba por llegar. El día uno. El primer amanecer desde su casa en A Coruña, la primera mañana sin ir a trabajar fue, para ella, “lo peor”. “Aún hoy me cuesta, y me cuesta pensar que, con mis años, lo más probable es que no vuelva a trabajar”. Las cosas no pintan fáciles para esta mujer alegre, que mantiene la sonrisa pese a echar de menos a rabiar, cada día, su trabajo.
Geli cree que lo tiene más fácil, 13 años menos es margen. A sus 42, sólo un problema de salud la amedrenta a la hora de salir a la calle a buscar un nuevo empleo. Pero ella no lo echa de menos, ha tenido la capacidad, envidiada por muchos, de quedarse con lo bueno. “Tengo tiempo, disfruto más, salgo a la calle”. Lo resume en una frase de doble filo. “Cuando me despidieron, me aliviaron después de meses de agotamiento”.
Mientras pasa la vida a cada minuto en cada esquina, Geli y Finuca la respiran deprisa tras décadas sin freno. Mientras las horas pasan, en algún momento, seguro, un nuevo trabajo, un gran proyecto aparecerá para ellas. Seguro.


