Martes, 09 de febrero de 2010 - 17:04 h

El Dépor demuestra ser grande

Omar Bello Actualizado 26/11/2009 - 01:37 h.
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Partidos como el que se vivió ayer en Riazor entre el Deportivo y el Atlético de Madrid son los que demuestran la grandeza de un equipo y los que verdaderamente enganchan a la afición. Un estadio entregado para un equipo volcado, motivado y que supo sufrir para llevarse la mayor de las alegrías (un triunfo por 2-1 ante el Atlético) cuando conseguir la victoria ya parecía imposible.

Lopo le había regalado el primer gol a Agüero cuando el partido casi no había ni empezado. Poco después, empató Colotto. Y durante el resto del encuentro, el Dépor atacó, falló lo infallable y ganó en el minuto 96 y de penalti. Como mejor sabe. Como merecía. El Atlético se hartó de protestar, olvidando que durante la hora y media anterior había hecho de todo menos jugar al fútbol y buscar el gol.

Lotina, como ya había ensayado en los últimos entrenamientos, apostó por el ataque y situó sobre el césped a tres delanteros. Mista, que empezó por la derecha y demostró que su implicación está fuera de toda duda; Lassad, que lo intentó todo pero no tuvo suerte y además, comprobó que el meta Asenjo es muy bueno, y Riki, que no marcó pero se volvió a vaciar físicamente y, para no variar, vio una tarjeta amarilla por simular penalti. O al menos, eso interpretó Paradas Romero, el colegiado.

El arbitro fue uno de los protagonistas del encuentro y no dejó contento absolutamente a nadie. Al margen de la ya citada acción en la que amonestó a Riki cuando el madrileño fue derribado por Asenjo, la lió al principio de la segunda parte. Tras un barullo en el área, Asenjo comete falta sobre Mista y señala el punto de penalti. Las protestas colchoneras no se hacen esperar, y el trencilla, tras preguntarle a su asistente, decide cambiar de idea. Y Riazor se encendió. Más todavía.

Dejando el margen la labor del colegiado, el Deportivo hizo uno de sus mejores partidos de la temporada y superó sus propios miedos. Si hay un defecto que caracteriza a este equipo es que se viene abajo cuando el rival se adelanta en el marcador. Ayer, nada más empezar el encuentro, marcó Agüero tras un fallo inexplicable y clamoroso de Alberto Lopo. Los precedentes apuntaban a goleada rojiblanca. Pero no. Esta vez, no.

El Dépor se fue hacia arriba, y explotó sus recursos. El gol del empate, de Colotto, llegó en una acción a balón parado. Como casi siempre. El argentino remató de cabeza en un córner y puso la igualada en el marcador.

Y desde ese momento hasta el final, sobre todo en la segunda parte, el encuentro fue una enumeración constante de ocasiones del Dépor. Lassad, Guardado, Juan Rodríguez, Riki, Colotto (que se hartó de rematar libre de marca en el área rival), Adrián... todos lo intentaron, pero entre Asenjo y la fortuna rojiblanca evitaron el gol.

Pero en el 92, Lopo es derribado por Pablo en el área. Penalti. Agüero encabezó las airadas protestas rojiblancas y Quique, el técnico, tuvo que agarrarlo y sacarlo del campo a la fuerza.

Guardado cogió el balón, lanzó con el alma y llevó el éxtasis a las gradas de Riazor. A Coruña soñó anoche con música de Champions.

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