Lunes, 15 de marzo de 2010 - 8:14 h

Un ‘gallego’ con principios

Representante sindical, estudió secundaria de adulto
A. G. / Buenos Aires Actualizado 05/12/2009 - 01:25 h.
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Cuando estalló la guerra civil española, Manuel Coley Robles tenía dos años. Su padre, Joaquín Coley, peleó del lado de la República, y algo le debió dejar. Tras la caída de Barcelona, la familia cruzó a Francia, donde se quedó el padre, con ganas de seguir la lucha contra Franco. Años después, Manuel cruzó el Atlántico y se adaptó rápidamente a la vida argentina. Aquí lo bautizaron, como a todos los españoles, “el gallego”. No fue fácil la vida para él y su madre en Buenos Aires. “Mira que hemos pasado miseria, porque no conseguía trabajo, a fines de los 60. Pero nunca faltó el amor. Era muy divertido. Un padre ejemplar”, lo recuerda su viuda, Alcira. Manuel llegó a la mayoría de edad sin haber concluido la escuela primaria. La pudo completar en el momento de entrar a trabajar en Rigolleau, una importante fábrica de vajillas de la periferia capitalina.

 

DELEGADO SINDICAL

Algo debía tener el gallego para que sus compañeros lo eligieran delegado sindical simbólico. Nunca pudo ejercer el cargo legalmente porque no era ciudadano argentino. Pero con todo y con eso fue uno de los líderes de una huelga de 1975. Meses más tarde, con los militares en el poder, Coley Campos fue expulsado de Rigolleau junto con otros 400 trabajadores. Luego vino lo peor: el secuestro y la desaparición. María Marta, su hija mayor, tenía once años cuando se lo llevaron. “Lo esperábamos todas noches que llegara del colegio. Porque después de la primaria hizo la secundaria a los 40 años. Aún me acuerdo cómo le enseñó a mi hermana a andar en bicicleta”.

El Colay Campos que ella mejor preserva es el que, dice, le ha servido para aguantar los golpes de la vida. “No era alguien que dijera, sí mi amo. Era, como decir, un republicano”. Su madre, Alcira, asiente: “era un tipo firme. La fuerza que tuve para luchar, se la debo a Manuel”. Esa fuerza les da sentido. Una vez, los Coley fueron a escuchar a Joan Manuel Serrat y lo esperaron en las puertas del teatro. “Te llamas como yo”, le dijo el cantautor a Manuela, la hija de María Marta y hoy madre de Ignacio. Y ella contesto, orgullosa: “No, me llamo como mi abuelo”. A.G./BUENOS AIRES.

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