Toda persona que quiere adoptar un niño teme y se prepara para un duro y largo trámite burocrático, pero después de esta batalla inicial no hay un camino de rosas. La psicóloga catalana Vinyet Mirabent explicó, en la Fundación María José Jove de A Coruña, el proceso de integración del menor adoptado.
¿Qué debe tener en cuenta una pareja que quiera adoptar?
Deben saber que cuando tienen al bebé en brazos, no es el final feliz; ahí empieza el camino de ser padres. Hay tendencia a pensar que, como se le va a dar mucho cariño y comodidades, el niño va a estar encantado; pero no es una página en blanco. Los padres deben estar preparados para acoger las huellas que la vida anterior ha dejado en su hijo y que harán que no se relacione con ellos tan fácilmente, sea receloso o llore mucho. A medida que tome confianza, aparecerán huellas más profundas del paso por una institución. Puede tener necesidades de bebé cuando ya es mayor –como estar en brazos o dormir con los padres– porque necesitan pasar por etapas de primerísima infancia con los padres que no pudieron experimentar en el orfanato.
En un adolescente la adaptación será más difícil todavía...
Es raro que se adopte un adolescente. La edad máxima suelen ser los once años y, con el convenio de La Haya, es muy difícil que den niños menores de cinco o seis meses. En todo caso, tenemos la idea de que el niño pequeño no se entera de nada, pero a esa edad ya empiezan a distinguir su entorno, tonos de voces, ruidos, sonoridades, tactos, ven y reconocen quienes son las personas de la familia. Cuando tienen cambios bruscos de ambiente surgen los problemas.
¿Hay una problemática específica en los niños adoptados en otros países, con idiomas, culturas y creencias distintas?
Tienen una adaptación más difícil porque pueden tener una gran ambivalencia. Por un lado, pueden tener muy idealizada la figura de esos padres de los que les han hablado, que les van a dar de todo, y después la realidad es que los padres ponen sus límites y el niño tiene un choque con sus expectativas. Además, muchas veces, el niño adoptado sufre el rechazo al inmigrante. Tuve un caso recientemente de un joven de quince años, natural de Madagascar, que cuando fue adoptado e iba con sus padres, la gente le miraba con cariño; pero cuando salía después con sus amigos adolescentes, la policía le pedía la documentación solo a él, por si era inmigrante ilegal. Son situaciones muy dolorosas para los adoptados porque ellos se sienten españoles, no se identifican con grupos inmigrantes. Tienen la cultura de aquí pero con rasgos de fuera. Están entre dos mundos y eso hace más difícil la formación de la identidad.
¿Es diferente la adaptación en función del tipo de familia?
En parejas que tienen ya una cierta edad y que llevan muchos años conviviendo, el cambio a vivir con un niño, con sus alborotos y necesidades, les puede costar más. Las familias monoparentales tienen más factores de estrés, porque no pueden compartir las responsabilidades con otra persona en el día a día. En cuanto a las parejas gays, no tengo nada claro que la homosexualidad sea un factor que influya en la adopción.

