Decía Antonio Lepera, el maestro que puso letra a algunos de los mejores tangos de Carlos Gardel, que “veinte años no es nada”. Veinte quizá no, pero ¿y 35? Son, ni uno más ni uno menos, los años que ha pasado James Bain en una cárcel del centro de Florida por un crimen que acaba de quedar demostrado que nunca cometió, una tragedia que se repite y que pone una vez más en evidencia las injusticias del sistema de justicia estadounidense.
Después de pasar más de media vida entre rejas, Bain quedó este jueves en libertad gracias en primer lugar a su perseverancia, porque defendió su inocencia hasta el cansancio, pero sobre todo a los adelantos de la tecnología, una prueba de ADN cuyos resultados llegaron como agua de mayo porque vinieron a demostrar lo que él ya sabía, que no secuestró ni violó a un niño de nueve años en los años 70. “Es usted un hombre libre”, le dijo el juez James Yancey. “Felicidades”.
DE LOS 19 AÑOS A LOS 54
Los restos de semen que se encontraron en la ropa interior del niño no eran suyos. Así de simple y así de contundente. La decisión de los tribunales no podía hacerse esperar. Ahora, a sus 54 años, es un hombre feliz. La pesadilla que comenzó cuando acababa de cumplir 19 años ha concluido. Atrás quedaron los mejores años de su juventud, toda una vida truncada por culpa de un polémico juicio que terminó con una cadena perpetua.
En las imágenes aparecidas en los medios queda patente el paso de los años en el rostro de James Bain, con el gesto emocionado, pero con más de una arruga y las canas asomándose sin piedad a su cabellera. “Supongo que me siento como los primeros hombres que pisaron la Luna”, respondía con una amplia sonrisa a los periodistas que le esperaban a las puertas del tribunal.
Por motivos que nunca llegarán a ser aclarados, la oficina del fiscal llevaba años oponiéndose a que se le realizaran las pruebas de ADN, primero en 2001, después en 2003 y otra vez en 2006. Sean las razones que fueran, no fueron suficientes para Project Innocence, la organización de abogados nacida en el seno de la facultad de Derecho de la Universidad Yeshiva, en Nueva York, que adoptó su caso y que lleva más de 15 años luchando contra este tipo de injusticias.
QUIERE VOLVER A LA UNIVERSIDAD
Con su puesta en libertad ya son 248 las personas exoneradas en EEUU gracias a las pruebas de ADN. Pero James Bain posee un triste récord. Es el que más tiempo ha pasado en prisión por un crimen que nunca cometió. Ahora solo quiere tiempo para estar con su familia, pero dice que volverá a la universidad, sueña con viajar a Bahamas, la tierra natal de su padre, y cuenta las horas para volver a ver Titanic, la película que le ayudó a sobrevivir al horror de la cárcel.
Desde no hace mucho tiempo, y gracias a una modificación de la ley estatal, los personas encarceladas injustamente tienen derecho a recibir una indemnización automática por parte del estado de 35.000 euros por cada año pasado en prisión. En su caso le corresponden algo más de 1,2 millones de euros. Pero como dijo uno de sus abogados, nada podrá reemplazar los años que perdió James Bain en la cárcel. Aunque, por una vez, esta sea una historia con final feliz.

