Los aficionados al póker en Galicia luchan contra los tópicos. No quieren ser vistos como amigos de las grandes apuestas, del gusto por las bebidas alcohólicas o como, simplemente, salidos de una película del Oeste americano. Se mueven y han constituido una asociación que está funcionando desde hace un mes. Cuenta con veinticinco socios en sus filas, aunque la afición va en aumento en los últimos años, sobre todo desde la irrupción del fenómeno Internet.
Para jugar al póker hace falta una baraja, una mesa y ganas de pasar un rato haciendo cálculos de probabilidad y estadística. El presidente de la Asociación Gallega de Jugadores de Póker, Andrés Reinares, confirma que “aptitudes tiene todo el mundo, pero hay que aprender y para eso también estamos nosotros”. Las primeras clases versan sobre el conocimiento de la baraja que está compuesta de cincuenta y dos cartas y cuatro palos: picas, corazones, rombos y tréboles. Las reglas, dice el experto, son fáciles de asimilar pero “el problema es jugar bien y para eso hace falta interés y práctica”.
Las cartas se reparten dando dos a cada jugador y cinco comunitarias sobre la mesa. Se realizan una serie de movimientos y el ganador es el que tiene la mejor combinación entre las cinco de la mesa y las dos del jugador. Tal como apunta Reinares, “para hacer un buen papel hay que entrenar, ser habilidoso y concentrarse, un primer paso es en Internet para después manejar la baraja de cartón”. Aclara que la modalidad en auge se conoce con el nombre de Texas Hold’em y su origen se sitúa en la antigua Persia (Irán) en el año 1.000, luego en Francia y EEUU.
Las apuestas en este deporte rompen en muchos casos lo preconcebido porque “se suelen jugar 1, 2 o 3 euros y no las cantidades que se imagina la gente” y los tópicos acaban de romperse cuando se escucha el perfil de jugador tipo: “Tienen una edad de 19 a 23 años, son universitarios y la presencia femenina es creciente”. La afirmación la confirma el hecho de que una mujer sea una de las más laureadas en Galicia: May Maceiras. También su hermano, Juan Maceiras, futuro socio de honor de la asociación, participa en numerosos torneos internacionales y su concurrencia en diferentes pruebas está patrocinada por una importante firma de Internet.
La cabeza visible de la asociación está en Ourense y, aunque la cifra de socios es escasa, la práctica en la ciudad de As Burgas alcanza los 300 aficionados. Esta realidad provocó que muchos de ellos se asociaran con la intención de constituirse en referente para los nuevos aficionados, dar cursos y tener fuerza para combatir “las restricciones legales vigentes en la Comunidad”.
Andrés Reinares cree que la imposición de jugar solo en los casinos les perjudica y desnaturaliza el deporte, por eso piden una reforma de la Lei do Xogo. Como ejemplo cita lo ocurrido el pasado mes de julio, cuando tenían pensado celebrar en el Auditorio ourensano un campeonato subvencionado por la Concellería de Cultura y se suspendió. Un burofax remitido por la Xunta de Galicia advertía de que, en el caso de celebrarse, podrían ser sancionados con una multa de hasta 600.000 euros. Tuvieron que trasladarse hasta el Casino de Chaves, una localidad portuguesa próxima a Verín. Y al país vecino volverán los próximos 9 y 10 de enero para jugar un campeonato abierto a todos aquellos que quieran participar.
En la asociación están dispuestos a “luchar para que se reconozcan nuestros derechos y se equipare a otros deportes de mesa”. La afición es creciente y en algunos bares o lugares de ocio, atestigua David Reinares, “ya se piden la cartas”. De tal forma que ahora además de sota, caballo y rey se escucha: picas, corazones, tréboles y rombos.