La mitología sobre el Opus Dei es extensa. “Es cierto que circulan algunos tópicos que no son nuevos. Pero la gente cada vez nos conoce mejor. Se han publicado muchas cosas y nosotros estamos haciendo un esfuerzo en comuncación porque el mayor problema es el desconocimiento. En general creo que la mayor parte de la sociedad nos ve bien”. El responsable de la oficina de información del Opus Dei en Galicia, Jaime Cárdenas del Carre, está contribuyendo a que cambien los prejuicios instalados en la sociedad en cuanto a la Obra, pero algo tendrá el agua cuando la bendicen, como reza el dicho.
En Internet hay una página con testimonios de gente que ha salido del Opus Dei bajo el paraguas “gracias a Dios, nos fuimos”. La Obra no sale nada bien parada según estas experiencias, pero antes de salir hay que entrar y también se dice que la labor para captar adeptos es ingente. “Eso no es cierto. No hacemos marketing para captar gente. No se trata de aumentar el número de miembros cada año porque hay que tener clara la vocación”. Jaime Cárdenas no es capaz de precisar cuánto a crecido la Obra en Galicia en los últimos años. “Ha crecido y sigue creciendo, pero el número no es lo importante porque lo que hay que hacer es tenerlo claro y respetar la libertad de las personas”. En estos momentos son 2.100 miembros.
Para entrar en la Obra hacen falta “seis años de meditación hasta que jurídicamente se da el paso. Es un contrato entre dos partes”, precisa el responsable de comunicación y director del centro La Estila, en Compostela.
Cuando una persona quiere pertenecer al Opus Dei tiene que dirigirse a uno de los centros y solicitar el ingreso al director. Después de seis meses de reflexión se concede la admisión. En caso de querer ser numerario –viven en centros, entregan todo su salario y mantienen el celibato– o agregado –viven en sus casas, dan una parte de sus ganancias y también son célibes– hay que renovar el compromiso durante los siguientes seis años, hasta que se se produce la incorporación definitiva, que se llama “fidelidad”. Jaime Cárdenas relata la ceremonia de admisión: “Es como un contrato entre dos partes. No son votos. El interesado lee una declaración en la que se compromete a vivir según el espíritu de la Obra y de la Iglesia católica. Esta declaración la recibe el director del centro delante de dos testigos. A continuación se va a la capilla y en una pequeña ceremonia se bendice un anillo y se pone”.
Los supernumerarios –miembros casados del Opus Dei– tienen que renovar la “fidelidad” cada 19 de marzo, como estipuló el fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer, canonizado en 2002. “Tienen que dirigirse al centro y decirle al director que quieren seguir, llamar por teléfono o también vale enviar un SMS”. En caso de que el supernumerario no renueve la “fidelidad”, en ese mismo momento deja de pertenecer al Opus Dei. “Es así de fácil, no hay más complicaciones por muchas tópicos que circulen”, comenta Cárdenas.
Los numerarios y agregados no lo tienen tan fácil, incluso se habla de persecución en páginas como la antes referida y de que es imposible salir. “Pues yo conozco a cientos del personas que han dejado la Obra. Puede haber alguien que salga rebotado, pero en general la gente sale agradecida”, afirma Claudio Sánchez de la Nieta, director del centro Rueiro en A Coruña. Jaime Cárdenas también rechaza lo que se dice. “Es lógico que se hable porque existe un compromiso entre dos partes. Como se habla cuando alguien quiere entrar, también se habla cuando alguien quiere salir. Si se tiene la fidelidad, pues el agregado o el numerario tiene que escribir una carta al Prelado explicando las razones que le conducen a tomar esa decisión”.
El período de tiempo que dura el proceso de desvinculación no es exacto para todas las personas, pero la meditación y las conversaciones suelen alargarse “unos dos años”. “Lo habitual es que la gente piense que no es lo suyo pero decida intentarlo durante un tiempo hasta tenerlo claro. Puede ser dos años, un año o cuando alguien lo tiene clarísimo unos meses”, asegura Jaime Cárdenas. “Es lógico que a veces tengas dudas y pienses en dejarlo, como cuando te mueven de centro de repente y tienes cambiar toda tu vida”, añade Claudio Sánchez. Estaba en Vallecas y hace dos meses dejó la familia y los amigos para dirigir el centro Rueiro de A Coruña. “Pero al final, por lo menos para mí, merece la pena continuar”. Otros muchos pensaron los contrario.

