La crisis no ha dejado a nadie indiferente. Cada sector de la economía se ha llevado su parte. Las aerolíneas, como no podía ser de otra manera, también. Y el palo no ha sido precisamente suave. De hecho, en EEUU se comienza a hablar de la mayor caída de ingresos de las empresas de aviación tras el 11-S.
Eso dicen, al menos, desde la Asociación de Trasporte Aéreo de América (ATA, sus siglas en inglés) en un informe hecho público recientemente. Hablan de una bajada de ingresos del 18% en 2009, cuatro puntos por encima de la debacle del 14% que se vivió en septiembre de 2001, después de que el mundo asistiese, atónito, a la imagen nunca imaginada sobre el cielo de Manhattan.
Las causas no dejan margen para el beneficio: el transporte de pasajeros ha caído en Norteamérica un 6% y el precio del billete lo ha hecho en un 13%, según la misma asociación.
BAJO COSTE
La crisis se ha conjugado, en el caso de las aerolíneas, con un factor añadido: la irrupción de las aerolíneas de bajo coste, que ha copado un mercado en el que los usuarios no tienen duda: mejor volar barato.
EEUU no ha sido, ni mucho menos, el único país en el que el sector se ha visto vilipendiado por la crisis. Los síntomas son globales: la gente viaja menos y compra billetes cada vez más baratos.
La primera alerta la dió una empresa mexicana en noviembre de 2008, en vísperas del pelotazo de la crisis. La aerolínea ALMA suspendió sus operaciones y se declaró en concurso de acreedores. Por aquel entonces, era casi una anécdota. Un mal resultado en un oasis de beneficios.
Las cosas cambiaron pronto. A la quiebra de ALMA se unieron muy pronto las de Flyglobespan –la compañía escocesa, que se llevó por delante 800 puestos de trabajo– y la británica Zoom, fundada en el año 2001 por dos magnates escoceses y que empleaba, entre Reino Unido y Canadá a unas 600 personas.
El último caso conocido ha sido el de Japan Airlines (JAL), que hace una semana se declaró en concurso de acreedores tras recurrir a 1.600 millones de dólares de los fondos de emergencia del Gobierno nipón, que no evitaron su desenlace, marcado por unas pérdidas acumuladas de 16.000 millones de dólares.
ESPAÑA, QUIEBRA Y FUSIÓN
El caso de España tampoco ha sido ajeno a los problemas de altos vuelos. El icono de las aerolíneas, Iberia, se fusionó en 2009 con otra grande, British Airways, asediada por sus altísimas deudas.
La española, por su parte, declaró unas pérdidas de 165,4 millones de euros en el primer semestre del año 2009 y estaba inmersa en el desarrollo de un nuevo plan director de recorte de personal.
La nueva Iberia-British ha dado lugar al nacimiento del tercer mayor grupo aéreo de Europa con una flota de 419 aviones y que vuela a 205 destinos, aunque ambas conservan sus respectivas marcas.
El capítulo de quiebras en nuestro país tiene un nombre propio: Air Comet, aunque podríamos sustituirlo, sin miedo a confusión, por el de su dueño, Gerardo Díaz Ferrán (presidente también de la patronal española), cuestionado ahora desde la política y parte de los empresarios.
Su suspensión de pagos, a finales del año 2009, ha dejado sin trabajo a un total de 640 personas. La deuda de la compañía, de 17 millones de euros, desencadenó su fin.

