China resucita de la crisis salpicada por las sospechas de Occidente

La economía china está amenzada por un crecimiento excesivo y por la falta de cobertura social.
SERGIO BARBEIRA Actualizado 15/02/2010 - 18:02 h.
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El ciudadano chino tiene un carácter introvertido, dominado por un espíritu autosuficiente que le permite conseguir sus objetivos sin apenas depender de los demás. Y lo demuestran allí donde van. En España hay una comunidad china importante, de más de 100.000 personas, que ha creado sus propias empresas y sus propios ámbitos de actuación.

Precisamente ese espíritu ambicioso y cauto es el que explica algunos de los ‘milagros’ con los que sorprende el coloso oriental. El espectacular resurgir de la economía china desde marzo de 2009 ha impresionado al mundo entero, ya que pasó de un crecimiento del 6% en el primer trimestre a cerrar el año pasado con casi un 9% de incremento del PIB. Pese a ello, las potencias occidentales y los expertos no ocultan ciertas dudas sobre la forma de crecer del gigante asiático, al que la crisis le he hecho mella, ya que antes de la debacle financiera mundial crecía a un ritmo del 13% del PIB anual, algo impensable en la mayoría de las economías del globo. De este crecimiento se aprovecha el resto de los países emergenes asiáticos, sobre todo aquellos que tienen una importante relación comercial con China.

 

DOS INCERTIDUMBRES

Las potencias de Occidente han empezado a desconfiar de tanta fortaleza aparente y destacan que China tiene que superar una serie de reformas estructurales para evitar problemas en el futuro. Entre las fragilidades de su economía se encuentran la todavía limitada integración financiera internacional, su aislamiento y control del aparato estatal en el ámbito interno, así como una asignación de recursos económicos poco eficiente provocada por ese paternalismo público.

Los desafíos, según un informe reciente del Banco de España, son considerables y están centrados en vencer dos “elementos de incertidumbre”: por un lado, la alta depenencia de China respecto de la demanda de las economías desarrolladas y la incierta capacidad de la demanda privada para tomar el relevo una vez que se agoten los estímulos públicos y, por otro lado, el posible aumento de la morosidad ligado a la financiación bancaria del plan de estímulo aprobado por el gobierno chino en 2008.

 

POSIBLES SOLUCIONES

Para neutralizar los riesgos de esas incertidumbres, el supervisor bancario español hace varias indicaciones sobre los caminos que debe tomar el gigante asiático. Lo más importante es reorientar el modelo de crecimiento chino “hacia la demanda interna”, es decir, darle un mayor protagonismo al consumo de los ciudadanos. China ya tiene una potente clase media que supera los 230 millones de personas –superior a la estadounidense–, pero el nivel de ahorro de los chinos es muy alto y para lograr que consuman más el gobierno tiene que buscar la forma de que se reduzca ese ahorro. Daniel Santabárbara, del Banco de España, propone el desarrollo de una red de protección social (salud, educación y pensiones), que haría que los ciudadanos no se preocupasen tanto por ahorrar como medida de precaución ante imprevistos.

Santabárbara también explica que una reforma del sector agrario permitiría “elevar las rentas de las zonas rurales, las menos beneficiadas por el desarrollo económico”.

 

TEMOR A LAS BURBUJAS

Una de las cosas que más preocupa en una economía con el ritmo de crecimiento que tiene China es el riesgo de que se formen burbujas que ocasionen posteriores crisis. El menor aumento del PIB desde 2008 no solo se ha debido a los efectos de la menor demanda global y al colapso del comercio internacional, sino también al “notable ajuste del sector inmobiliario” que vivió el país a finales de 2008. La construcción representan el 10% del PIB, una proporción importante que tiene un efecto de arrastre inevitable en el conjunto de la economía. El ajsute inmobiliario se consiguió desincentivando los préstamos hipotecarios y a promotores a través de unas medidas introducidas a finales de 2007. En la segunda mitad de 2008 lograron un desplome de la inversión inmobiliaria y de los precios de la vivienda, “con un impacto adverso” sobre los consumidores, indica el informe del regulador bancario.

Para Borja Echegaray, responsable de Asia de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), “es un riesgo la burbuja inmobiliaria china”, pero reconoce que, a pesar de ese boom, hay cosntrucciones que son necesarias, como los polígonos industriales y viviendas y centros comerciales en ciertas poblaciones.

Recientemente se aseguró que si la burbuja inmobiliaria china explotase, causaría un impacto a nivel global 10 veces superior al que provocó el colapso del emirato petrolero de Dubai, que fue un terremoto para las Bolsas. La inversión en bienes inmuebles aumentó en China un 75% en el último año, hasta los 455.000 millones de euros, pero los expertos creen que no habrá ningún pinchazo como el que sufrió España.

Pero a Echegaray también le preocupa el sobrecalentamiento que ha registrado la economía china durante años, con crecimientos desorbitados. “¿Se podrá sostener eso?”, se pregunta. En este punto coincide con el Banco de España en que China necesita un cambio de modelo de crecimiento. Según los expertos, esa tranformación debe lograr una mayor eficiencia, que permita al coloso chino crecer y crear empleo sin unas tasas tan elevadas.

 

MÁS CONSUMO

Consumo, más consumo. Ésta es la receta que necesita la que en 2010 se convertirá en la segunda potencia económica del mundo. China depende mucho de sus exportaciones y de la inversión extranjera, algo que le hace sufrir con periodos de crisis como el que hemos vivido estos dos últimos años. Los expertos inciden en que todavía se necesita que los ciudadanos chinos consuman más para consolidar un mercado interno potente, que atraiga más inversión. Para ello es preciso que la renta per cápita de los chinos aumente desde los 3.300 dólares anuales en que se encuentra actualmente. Y también se tiene que reducir el abismo que existe entre las zonas costeras (muy urbanas y abiertas al exterior) y las interiores (rurales y con un mayor nivel de autosuficiencia). En este objetivo está el gobierno chino, que cada año traslada a millones de personas del campo a ciudades prefabricadas, con sus propias industrias a punto de ser estrenadas. China quiere obrar de nuevo el milagro.

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