Algunos de los principales empresarios del país se han lanzado a promover la ‘marca España’, sin duda impulsados por un Gobierno asustado ante la mala prensa que la política económica nacional está cosechando en los más destacados medios de comunicación europeos y norteamericanos.
Y todos son pesos pesados del mundo empresarial español y con amplia proyección internacional. Primero fue Emilio Botín, presidente del Banco Santander, luego César Alierta, de Telefónica, seguido de Isidro Fainé, de La Caixa.
Todos ellos, más algunos de los banqueros y empresarios que arroparon a José Luis Rodríguez Zapatero en su ‘desayuno de oración’ junto al presidente norteamericano Obama, han expresado su confianza en una pronta recuperación de la sin duda actualmente mala coyuntura económica española.
Claro que los ‘prohombres del Ibex’ son los principales interesados en esta recuperación y en que las críticas de los gurús de la economía mundial, incluyendo los grandes diarios financieros (Financial Times, The Wall Street Journal, The Economist, entre otros medios de comunicación extranjeros), no sigan contribuyendo al desplome de los valores en las bolsas y a la desconfianza de inversores y consumidores.
LA PATRONAL
El papel de la patronal española, tan inestable ahora en su presidencia, el de los principales empresarios y de los grandes banqueros resulta ahora, en este sentido, fundamental: se han lanzado a apoyar las medidas del Gobierno no sé si tanto porque creen en la bondad de estas recetas cuanto porque piensan que el equipo de Rodríguez Zapatero, obviamente tocado, necesita sostenes, no vaya a ser que se desmorone y con él el prestigio de España en los mercados internacionales.
Pienso que la iniciativa del presidente del Gobierno de convocar a patronal y sindicatos en torno a su plan de reforma laboral es acertada, pero, claro está, muy tardía: eso tendría que haberse hecho antes del Consejo de Ministros de este viernes, no después.
Ojalá que el evidente patriotismo que han mostrado siempre los sindicatos de clase –a los que absurdamente se critica por no mostrarse más combativos en unos tiempos en los que lo que se llamó la ‘movilización obrera’ sería tan contraproducente– se mantenga.
Esperemos que Ignacio Fernández Toxo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT) sepan desoír cantos de sirena que pretenden desgastar la situación para desgastar, a su vez, a un Gobierno que ya no admite mucho más desgaste.
LAS EXPECTATIVAS
Me parece que, en este envite, y para hacer buenas las optimistas expectativas de empresarios y banqueros, todos tendremos que dejarnos algunas plumas en la gatera: los primeros, esos ‘prohombres del Ibex’ que echan una mano –creo que muy justificadamente, estando las cosas como están–al Gobierno: tendrán, supongo, que saber ellos mismos también de qué son los sacrificios.
EL PAPEL DE LA OPOSICIÓN
Después, el propio Gobierno, claro está; pero ya vemos que de dar pasos decisivos, como esa mano tendida a la oposición que tantos reclaman, nada (y lo mismo vale decir para el principal partido de la oposición, que parece que ya se encuentra escalando el montículo de La Moncloa sobre las ruinas gubernamentales).
Es decir, que las fuerzas sociales puede que se adapten a estos malos tiempos, pero me temo que no ocurre lo mismo con las fuerzas políticas.
Y me parece que, además de las organizaciones sindicales y patronales, todos nosotros tendremos que asumir que los próximos meses serán tiempos de sudor y lágrimas, sabiendo que el retorno a los espléndidos tiempos que vivimos hasta el pasado ejercicio 2008 va a ser muy costoso. Y confiemos en que todo quede en eso: en apenas unos meses de sudor y de lágrimas.
