El candidato del Partido de las Regiones, Viktor Yanukóvich, ha logrado cinco años después de la Revolución Naranja hacerse finalmente con el poder en Ucrania, en unas elecciones celebradas el pasado domingo y avaladas por los observadores internacionales. La gran perdedora de los comicios es la actual primera ministra, Yulia Timoshenko, que podría abandonar el cargo pese a su ajustada derrota en las urnas. Al final, apenas 700.000 de más de 25 millones de votos contabilizados.
Yanukóvich logró el 48,79% de los votos, frente al 45,63% de Timoshenko, según la Comisión Electoral Central de Ucrania. El 4,37% votó en contra de los dos candidatos, una particularidad del sistema electoral característica de Ucrania.
Tanto las organizaciones más afines a Washington, gran valedor de la Revolución Naranja, como el Consejo de Europa o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), como los enviados por la Comunidad de Estados Independientes, más cercana a Moscú, han destacado la limpieza y el desarrollo impecable de los comicios.
Ahora la incógnita es la posible reacción de Timoshenko y sus seguidores. El bando naranja no mostró desánimo cuando los sondeos a pie de urna auguraban la victoria de sus rivales y aseguraban que no se irán del poder. Sin embargo, la todavía primera ministra guardó silencio ayer, cuando numerosos seguidores suyos protestaban en las calles de Kiev.
El escaso margen de victoria de Yanukóvich deja el mapa del país totalmente dividido. Una tensión que se evidenció el 22 de enero, cuando el presidente saliente y también líder de la Revolución Naranja, Viktor Yushchenko, declaró por decreto héroe nacional a Stepan Bandera, un controvertido dirigente nacionalista ucraniano que proclamó la independencia del país de la URSS en 1941 y está acusado de vínculos con la Alemania nazi.
