El militar José Fortes (Pontevedra, 1934), fue uno de los 14 miembros de la Unión Militar Democrática (UMD) condecorados la semana pasada con la Cruz del Mérito Militar y el Mérito Aeronáutico por la ministra de Defensa, Carme Chacón. La ya extinta UMD fue una organización clandestina creada en 1974 que, en plena Transición, luchó por la restauración de la democracia. El régimen erradicó la entidad de raíz, encarcelando a muchos de sus asociados, que por fin han obtenido un reconocimiento público oficial. Fortes, licenciado en Historia, sostiene que la UMD ayudó a que hoy en día en España exista “un Ejército constitucional”.
¿Que sintió cuando la ministra le entregó la Cruz del Mérito Militar, después de haber sido encarcelado y expulsado del Ejército español?
He sentido que la medalla nos la merecíamos, como le dijo Unamuno a Alfonso XIII: “Agradezco al Rey esta medalla que bien me merezco”. Llegó tarde, pero más vale tarde que nunca. Quiero agradecerle a la ministra de Defensa, Carme Chacón, su gesto, y también al portavoz de IU, Gaspar Llamazares, que fue el promotor de la iniciativa, aprobada por todos los partidos políticos, y que solo contó con la abstención del PP. Como dijo uno de mis compañeros, el teniente coronel José Fernando Reinlein, hasta hoy ser de la UMD era un delito y a partir de hoy es un mérito.
¿Les comunicaron desde el PP la decisión de esa abstención?
No. Antes de esto ya pasamos por otras incidencias de este tipo, siempre vinculadas a ciertos sectores de la cúpula militar, desde tiempos de Manuel Gutiérrez Mellado; aunque en este momento ya no quedan en las Fuerzas Armadas españolas ese tipo de sectores. El Ejército que tenemos hoy en día es muy parecido a lo que nosotros pedíamos: un Ejército constitucional a las órdenes de un Gobierno. Y aunque este galardón llegue tarde no importa. Decía el filósofo chino Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, que lo importante en la guerra no es ganar batallas sino la victoria. Y hemos vencido.
El proceso de la Transición en el seno del Ejército español es un aspecto bastante desconocido, ¿no cree?
La historia tarda mucho en escribirse con objetividad, si es que en algún momento la tiene, porque los historiadores escriben desde su contemporaneidad. La Transición fue trágica y dramática, hubo asesinatos, muertes en la calle y persecuciones. He leído retratos muy idílicos que a veces se nos pintan sobre este período. Había dos poderes que impedían que en España hubiera una democracia, la Iglesia y el Ejército, los dos bastiones del franquismo. Y parece que en el campo militar esto está solucionado, solo falta la Iglesia. Me encantaría que existiese una independencia Estado/Iglesia como en la Quinta República Francesa.
¿Se pondrá de relieve con el tiempo el destacado papel jugado en la transición por UMD?
Yo no hago futurología. Nuestro problema era difícil porque los mandos militares de ese momento eran franquistas y nosotros proponíamos el fin del régimen. Uno de los pilares del Ejército es la disciplina y la subordinación, y nosotros rompimos ese pilar. Al saberse que unos oficiales no queríamos negar las ansias de la democracia plena generamos un estremecimiento. Queríamos apuntalar un régimen moribundo. Nos acusaron de indisciplina quienes parecían haber olvidado que en una dictadura no procede la disciplina. En democracia este pecado sí es el más grave. Nos acusaron de indisciplina pero el indisciplinado fue Franco en el 36.
¿Cuál fue el momento más duro de todo el proceso que vivió?
Fueron dos. El primero fue el consejo de guerra de marzo de 1976 en Hoyo de Manzanares. Mis compañeros y yo manifestamos nuestra intención de apostar por un régimen democrático y el sector más ultra del público nos llamó hijos de puta y pidió que nos pegasen cuatro tiros. Casi se nos echan encima. El segundo fue hacerme cargo de mi mujer y mis cinco hijos cuando salí de prisión, donde permanecí durante un año. Adolfo Suárez publicó el primer indulto y salí de la cárcel, pero no fue algo alegre. No tenía trabajo. Luego regresamos de nuevo al ejército, en 1987, pero no nos dieron destino. Después pasé a la reserva.
¿Qué opina sobre la Ley de Memoria Histórica, que en Galicia ha provocado una gran polémica con la retirada de la estatua de Millán Astray en A Coruña?
Creo que ya va siendo hora de que esa ley tenga vigencia y que los símbolos de un régimen dictatorial desaparezcan. En Alemania sería impensable que en sus calles figurasen varios escudos con la cruz gamada. En plena democracia no es lógico que en nuestras calles y en nuestros edificios luzcan elementos que evoquen la dictadura.