Galicia está reconocida en la Constitución como nacionalidad histórica y una parte de su población se siente nación. Como Cataluña. En su gobierno conviven socialistas y nacionalistas. Como en Cataluña. Tiene un idioma propio que habla la mayoría de su población. Como Cataluña. Es periférica y cultiva estrechas relaciones con un país extranjero, del que es vecino. Como Cataluña. Varias de las principales fortunas de España residen en sus ciudades. Como en Cataluña. Al menos dos cajas de ahorros están entre las más grandes del Estado. Como en Cataluña. Mira constantemente a Madrid. Como Cataluña. En los últimos diez años su equipo de fútbol de referencia encabeza la tabla de las grandes proezas. Como en Cataluña...
Las grandes fuerzas económicas catalanas actúan de modo coordinado y comparten sus intereses con la clase política, que es innovadora e influye en Madrid, a menudo en defensa de sus empresas. Sea quien sea el presidente de la Generalitat, es un peso pesado en la política española. Los socialistas catalanes son primero catalanes y después socialistas. Los socialistas españoles dependen de ellos y de los nacionalistas catalanes para gobernar en España. Endesa está a punto de ser catalana y de trasladar su sede a Barcelona, y el Gobierno de Zapatero no hace otra cosa que empujar en esa dirección.
Los grandes empresarios de Galicia, aun teniendo hoy en día más cash que los catalanes, van por libre, no tienen un proyecto de país en su cabeza, y conviven con políticos grises de Segunda B, cuya influencia en Madrid es nula y cuya política interna carece de perspectiva. Unión Fenosa no volverá a ser gallega, su sede seguirá en Madrid y no en A Coruña, y el Gobierno de Zapatero está todo feliz con Florentino Pérez, aunque sea un empresario del PP. Pero de Madrid, del territorio nacional, como diría Esperanza Aguirre. Dicen que en Galicia a algunos se les cae a trozos la cara de vergüenza. Será por eso que Galicia no es Cataluña...