En el periodismo moderno, por llamarle de alguna forma, quedan cada vez menos periodistas de los de antes, esos tipos que no tenían reloj, fumaban y bebían, pero que sabían escribir y enterarse de las cosas, incluso en los amaneceres. No es un mito el encarnado por periodistas así, y para atestiguarlo ahí sigue estando, cada día, José Luis Alvite, de quien no se sabe si es mejor periodista o mejor persona, a pesar de que tiene barba, como los rojos de antes, como los verdaderos revolucionarios.
Entre esas generaciones de auténticos periodistas, los genuinos, y los de ahora, ya con corbata, portátil y BMW, subsisten unos cuantos jóvenes experimentados que aún mamaron el oficio en la calle y que se asomaron más de una vez a las barras de maestros como Alvite. Es el caso de Luis Ventoso, Julián Rodríguez o César Casal, a quien -como al anterior, en 2004- le han dado el premio Pérez Lugín, el galardón que concede la Asociación de la Prensa de A Coruña, la misma que unos cuantos pelotas de Paco Vázquez quieren que siga siendo de La Coruña.
Reconforta sentir que el periodismo existe. Y alegra saber que el corazón solitario de César sigue latiendo acompañado de quienes siempre creímos en él. Hoy es un buen día para Casal, que se lleva una pasta a casa, pero lo es mucho más para sus lectores. ¡Enhorabuena!