Sábado, 20 de marzo de 2010 - 9:04 h
José Luis Gómez
Director
26-07-2008 11:27

La Galicia sumisa y desinformada

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Imaginemos que una gran empresa de Barcelona, de la que dependen importantes proveedores catalanes y miles de personas con puestos de trabajo dotados con altas remuneraciones, es absorbida por una pequeña firma de Madrid. Imaginemos lo que harían en ese momento la Generalitat de Cataluña y otras instituciones y fuerzas vivas catalanas, entre ellas el Barça, club del que la empresa absorbida era patrocinador oficial.

Imaginemos que la firma madrileña se lleva por delante la estructura central de la empresa catalana. Imaginemos que la empresa resultante, lejos de dar continuidad al modelo de gestión de la compañía grande, adopta los métodos de la pequeña. Imaginemos que la sociedad que compra se endeuda en exceso para hacer la operación y que, además, paga un precio muy alto.

Imaginemos que como resultado de todo ello presenta suspensión de pagos. Imaginemos que el concurso de acreedores se tramita en un juzgado mercantil de Barcelona, ya que la sede central fue desmantelada en beneficio de Madrid pero sin que constase en el registro mercantil.

Imaginemos que, dada la dimensión de la suspensión de pagos, los honorarios del letrado designado administrador concursal ascienden a unos seis millones de euros. Imaginemos que con esa cantidad podría fomentarse el desarrollo de uno de los grandes despachos de abogados de España en Cataluña.

Imaginemos que el juez barcelonés decide nombrar a un administrador concursal de A Coruña. Imaginemos que el representante de los acreedores es un banco de Madrid. Imaginemos que el decano del Colegio de Abogados de Barcelona baja la cabeza y, lejos de defender a sus compañeros, no recurre la decisión del juez ante la Audiencia, para que ésta decida si el juez cumplió el espíritu de la ley al no designar a uno de los cincuenta abogados barceloneses capacitados para esa labor y registrados oficialmente para tal menester.

Imaginemos que La Vanguardia entrevista a la abogada de A Coruña designada y como primera pregunta se interesa por saber lo que siente. Imaginemos que sólo un diario digital de Barcelona advierte de la situación creada. Imaginemos que la decisión del juez se da a conocer la víspera del día de San Jordi.

Por fortuna para Cataluña, resulta un ejercicio surrealista imaginar todas esas cosas allí. Pero imagínense ahora que este artículo se publica en un diario digital catalán, cambiando Barcelona por A Coruña, Cataluña por Galicia y A Coruña por Valencia. Las referencias a Madrid podríamos mantenerlas en su sitio.

En ese caso no se imaginen nada, porque es una historia más de las muchas que engrosan las frustraciones reales de este país desinformado y sumiso en el que algo habrá que hacer.
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