Viernes, 19 de marzo de 2010 - 8:16 h
O. Lescayllers
Escritor e xornalista
13-09-2008 14:04

¿Y las razón humana, dónde está?

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Por favor, hombres del mundo, que la violencia, la sinrazón y los odios tribales no cieguen la inteligencia, la dignidad y el sentido de la razón. ¿Por qué no decir de una vez y por todas “adiós a las armas”? Globalicemos nuestras ideologías y nuestro espíritu en la idea de un futuro de paz y solidaridad entre todos los hombres. Todo hombre tiene derecho a pensar y hablar sin herir ni ofender. Cuando las naciones sean respetadas y se hagan respetar sobre la base del derecho y los principios de equidad e igualdad con todos y para todos, entonces el mundo marchará mejor. Pero una nación que amenaza y ejerce su poderío sobre otra, no hace más que retroceder en la escala humana. Las potencias deben de dejar de ejercer como salvadoras del mundo y sus diferendos con otras potencias, deben resolverlos pacíficamente a través de las instituciones creadas para esos fines.

La furia de la naturaleza, por lo visto también ha entrado en los ánimos de algunos gobernantes irresponsables, que ven en la guerra el único modo de dirimir todos los conflictos. Desde luego, ese no es el camino.

Hay que decirlo claro y bien alto, los Estados Unidos, desde siempre, con su agresiva política de potencia imperialista no pierden ocasión para intentar aplastar a los más débiles y hambrientos de la tierra. George W. Bush, quizás, el peor y más sanguinario de los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica, es experto en crear conflictos. Entró a la Casa blanca con el dedo en el gatillo, impulsado por el mandato divino de destruir a Irak, y mire usted hasta donde hemos llegado con esa empresa. El mundo que dijo pacificar, lo deja más agresivo que entonces. La libertad y la democracia que decía instaurar, cada vez están más lejos. El mundo lucrativo, aunque injusto, que encontró, lo deja al borde de una recesión como consecuencia de sus ambiciones, falta de luces y fracasos políticos. Las Naciones Unidas han dejado de ser una organización neutral y de progreso, para convertirse en un instrumento al servicio de los intereses de los poderosos.

Lo que está ocurriendo hoy en Nuestra América, particularmente, son los restos del lodo que dejaron las lluvias durante siglos de opresión, expolio y saqueos, de las grandes potencias mundiales, que nunca les importaron para nada los seres humanos, o los nativos, verdaderos dueños de la tierra y sus recursos naturales. Todavía, a los naturales de Nuestra América, en un acto, mezcla de ignorancia y desprecio, les siguen llamando “indios”. Aún no se percatan que la India está muy lejos, como lejos están todavía las esperanzas de nuestros aborígenes de alcanzar una vida mejor. Algo se mueve, Nuestra América se ha puesto en pie, pero las zarpas del imperio más poderoso del mundo asechan sobre ella.

De nuevo, en América y en Europa se oye el repicar de los tambores de la guerra. La industria bélica no quiere entrar en recesión, no en balde se ha invertido tanto en modernizar los ejércitos del pentágono y sus arsenales. Sobre Irak, Palestina, Líbano o Afganistán, nunca sabremos cuántas toneladas de bombas han caído y lo peor, jamás podremos cuantificar los muertos: civiles inocentes que ha cegado la metralla imperialista y de sus socios europeos que no han dudado en unirse al coro, haciendo el despreciable papel de mercenarios.

La filosofía de los ejércitos de pacificación bajo mandato de la OTAN, o cualquier otro organismo, es un engaño y una mentira descabellada. Las armas, estén donde estén y en las manos de quienes estén sólo sirven para matar. La libertad o la democracia impuesta a cañonazos y sostenidas por un ejército de intervención, de hecho es inmoral y carece de ética, lógica y sentido.

Los Estados Unidos no paran, viven de y, para la guerra. Sus ejércitos mercenarios están en todo el mundo. Sus bases de operaciones, crecen como campos de amapolas por toda la geografía del planeta y luego hablan de paz y democracia; buena lección para la historia de los necios.

América fue un continente de dictadores, todos, con la excepción de Castro, han sido protegidos por los sucesivos gobiernos estadounidenses. Los pueblos han sido masacrados, el hambre, la miseria, el expolio y los más despreciables fatalismos han hecho presa de sus ciudadanos. En ninguna de esas naciones, los personeros del imperio han movido un dedo para salvar la población y para instaurar una democracia justa y participativa. Así de cruel y dura es la historia.

Hoy, cuando la democracia empieza a tomar cuerpo en Nuestra América, Estados Unidos, esos mismos Estados Unidos que tantos dictadores ha protegido en el continente, acusan a los líderes latinoamericanos de caudillos y terroristas, peor cinismo no puede haber.

Ha sido casi una tradición, en los países de Nuestra América, que los embajadores de los Estado Unidos sean quien dirijan la política real de los nacientes estados, pero por lo visto esas prácticas empiezan a cambiar y es entonces cuando el águila ataca. Talvez, expresiones de Hugo Chávez, con su desparpajo lingüístico no sean las más correctas para el gusto de algunos, aunque pienso que las cosas han de llamarse por su nombre, teniendo en cuenta que lo que hace y dice Washington es sencillamente intolerable. De ahí que surjan los desencuentros que en una parte y otro se están produciendo. A un presidente elegido democráticamente hay que dejarlo gobernar. Si se equivoca, las urnas son las encargadas de destituirlo, porque las componendas y los golpes de estados, tienen que dejar de ser práctica de algunos personeros imperiales en este siglo XXI.

Si por fin se produjera un milagro y Barak Obama, llegara a la presidencia de los Estados Unidos, a lo mejor el mundo respiraría un poco más tranquilo, aunque eso no va a ser fácil.

MacCain y su flamante vicepresidenta, Sarah Palin, no sólo son un peligro para Norteamérica, sino para la humanidad, que ya está cansada de tantos disparates de las administraciones estadounidenses. La Palin, venida de los inuit, ha salido de su iglú convertida en barbie. Lo de barbie no se le da mal, porque lo que le sobra como tal, le falta para convertirse en una buena vicepresidenta del país más poderoso del planeta. Los norteamericanos debían reflexionar un poco sobre esa cuestión.

Los “arquitectos” de la política actual no hacen más que dar bandazos. Los Populares en España no acaban de aprender la lección; su líder, el más español de todos los españoles, no pega una en blanco, eso sí, contra Blanco, todas. Expertos en demagogias y pleonasmos suda como un león en el parlamento intentando hacer ver a los demás lo que sólo él ve. Su problema radica, en pensar que su conflicto y el de su partido, son los conflictos de España y el de los españoles, en nombre de quienes jura y perjura que están en la desgracia y que esto se rompe en cualquier momento. Del “váyase señor González” al “a qué ha venido usted aquí señor Zapatero”, hay una misma intención, pero esperamos que los efectos no sean los mismos, porque si esto ocurriera, entonces si veremos como se rompe España. A trozos.

La crisis económica poco a poco nos va golpeando a todos, menos a los ejércitos que cada día se rearman con más fuerza. Si en vez de cebollas y patatas, manzanas, peras o tomates, consumiéramos minas antipersonales, AKM, balas de cualquier calibre o bombas de racimos, seguramente nuestros hijos estarían sobrealimentados, pero por lo visto a ningún gobernante le preocupa esta situación. Cada día, inevitablemente, somos más ignorantes.

La naturaleza, por causas del cambio climático arremete con todas sus fuerzas sobre el planeta: tsunamis, huracanes, terremotos, enfermedades, hambrunas, todas esas tragedias le parecen poco a los hombres, para además, en vez de buscar soluciones urgentes a estos desafíos, lo que hacen es enfrascarse en discordias y guerras de las que nunca sale nada bueno. Tal parece que sea demasiado complicado, para los seres humanos, poner en práctica la indigencia. Y ni hablemos de la caridad, la bondad, el amor, la amistad y la tolerancia. Tailhard de Chardin, en su famoso libro, El porvenir del hombre, nos dejó estas palabras: “Como una nova de tipo singular, la tierra hace más de seiscientos millones de años empezó a colorearse de vida débilmente”. Por lo visto, esa debilidad vital, después de tantos años, los hombres todavía no han logarlo superarla. De ahí estas tragedias insolubles, a las que tenemos que enfrentarnos diariamente.
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