EL APUNTE
Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida, Mario Benedetti dixit. Buen poeta, magnífico cuentista, gran novelista. Maestro de las letras y de la ternura que nunca fue cursi, comprometido con las emociones y con la injusticia a través del dardo más certero: la palabra irónica. Aunque te has ido es fácil que todavía estés aquí, en las páginas de tus cuentos y de tus poemas. Mientras haya personas sin voz, mientras haya algo por lo que luchar, porque hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio. Y si es cierto, como nos hiciste creer, que contra el optimismo no hay vacuna tu poesía se mantendrá en defensa de la alegría. Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas. En Montevideo y a los 88 años te sobrevino el final, poeta desexiliado. Tu alma, lo sabemos, sufrió las heridas de todos los exilios.