La Xunta adjudicó un contrato por valor de 2,2 millones de euros a Microsoft sin que mediara publicidad. El expediente lo abrió en abril un alto cargo del PSOE en funciones y el pasado 6 de mayo firmó la resolución la secretaría xeral de Presidencia, ya bajo mando del PP. Por alguna razón todavía no explicada, el Gobierno de Feijóo no detalla qué se ha comprado, lo cual es un tanto misterioso, tratándose de la cifra que estamos hablando, suficiente, por cierto, para comprar varios Audi, incluso blindados. ¿O hablamos de algo que no se pueda saber? Es más, ¿qué hubiera hecho Feijóo, de seguir en la Oposición, si Touriño se atreviese a complementar la compra de los Audi con ese pedido tan especial a Microsoft?
De repente, en el Gobierno de Feijóo se han inventado un nuevo sistema económico de contratación que hace desaparecer a todo el canal de distribución. Lo normal es que la Xunta y todas las administraciones publiquen continuamente concursos de licencias de software de Microsoft y otros fabricantes, a los que se presentan empresas de todo tipo, gallegas y no gallegas, distribuidores autorizados de Microsoft. Pero en este misterioso caso se recurre al procedimiento negociado sin publicidad alegando que la multinacional estadounidense es la fabricante de los productos. No menos sorprendente es la celeridad que acompaña la espectacular tramitación del expediente de Microsoft, frente a las mil vueltas que dan muchas facturas paradas en la Xunta a raíz del 1-M o frente a los plazos de tramitación de ayudas -por ejemplo, en el Igape- a numerosas empresas gallegas que pasan por momentos difíciles por falta de liquidez.
Ante la información publicada sobre el caso por Xornal de Galicia se echan de menos tres cosas: una explicación de la Xunta sobre el contenido del contrato secreto de los 2,2 millones, una aclaración del PSOE sobre el papel de altos cargos a sus órdenes y un criterio político del BNG, salvo que también se declare cómplice de esta operación con la multinacional americana.
De paso que nos explican bien todo esto, ya podrían aprovechar para que sepamos si un alto cargo de la Xunta relacionado con el caso podía estar haciendo un master en Estados Unidos, sin pasar por el despacho durante varios meses. Y como la curiosidad ante este asunto sube como la espuma, también podríamos saber quién paga ese tipo de estudios en el extranjero. ¿Acaso la Xunta? Tratándose además de gestiones que son competencia de un departamento que responde al nombre de Calidade e Avaliación das Políticas Públicas, se supone que todo ello debe ser pan comido.
Tiempo habrá para saber qué está pasando con esas y otras cosas, del mismo modo que lo hubo para conocer con detalle el blindaje de los Audi de Touriño, los vistosos muebles de Presidencia y todo el culebrón que se montaron desde el PP para que eso le ayudase a ganar las elecciones del 1 de marzo, sin que la Oposición de ahora -antes gobierno- se entere de la movida.