El conflicto del metal, como confesó a este diario la ex Secretaria Xeral de Relacións Laborais, Pilar Cancela, es "otra cosa". Un mundo aparte, una realidad paralela o una creación brillante de mentes inspiradas. Argumentos de unos y otros que, casi siempre, ilustran crónicas que los periodistas perfilamos con la vehemencia propia de quien quiere destacar sobre la competencia. La "otra cosa" que siempre parece, también, acompañada de cargas, vallas rotas y antidisturbios. Las geniales tertulias y afanadas informaciones sobre el conflicto del metal pontevedrés, sin visos de solucionarse, pueden caer sobre la falta de reciclaje de la noticia perpetua de siempre. Pero la negociación del convenio no debe implicar siempre ni la quema de contenedores, ni el lanzamiento de tornillos ni una carga policial indiscriminada. Eso no es normal. Y, probablemente, no debiera ser noticia. Tendría que ser una muestra colectiva de repulsa hacia lo que denosta una industria, estropea una ciudad y perjudica -otra vez- a la clase trabajadora. ¿Gana usted algo quemando un autobús? ¿Soluciona un conflicto laboral haciendo que manifestantes y viandantes tengan que esconderse dentro de un centro comercial? Aquí se le responde. No. El instinto del manifestante de la máscara y del policía de la porra no lograrán arreglar nada. Ésa es la noticia y la repulsa para quien sólo tiene pelotas de goma.