Con freno y marcha atrás, como los cuatro corazones de Jardiel Poncela, así vamos en Europa. No por los resultados, que confirman que el centro derecha es quien tiene la hegemonía en la Unión Europea y los datos no se pueden discutir ni cambiar, sino por el récord histórico de participación a la baja –un 43% de media– que revela que a más de la mitad de los europeos no les importa Europa.
El dato de participación, que es bajo en todos los países de la unión, favorece un fenómeno, cuanto menos, curioso. La abstención se traduce en voto de castigo para los partidos grandes y mayoritarios y da “alas” a los más extremistas, tanto de derechas como de izquierdas, que salen reforzados. La conclusión es que, al final, la abstención favorece a la derecha y los votantes de izquierda, muchos de ellos “abstemios” en el sentido electoral de la palabra, no se sienten representados en esta Europa nuestra de los 27 y de bandera azul con estrellas amarillas. El análisis del porqué se lo dejo a los sociólogos.
¿Y en Galicia? El PP es, de nuevo, la fuerza más votada al alcanzar más del 50% de los votos. El PSdeG alcanza un nada despreciable 34,25% y el BNG baja dos puntos porcentuales con respecto a 2004 y se queda con el 9,4% de los sufragios. Si, como dijo Ana Miranda, candidata del BNG, lo que debemos demandar en Bruselas es “una representación real y efectiva que por ahora no existe” y “luchar por los sectores productivos gallegos”, con estos resultados hemos echado freno y marcha atrás.