Basta con ser un asesino para acabar con la vida de un hombre de 49 años con una bomba lapa colocada en su coche. El asesinato del inspector jefe de policía Antonio Eduardo Puelles en el municipio vizcaíno de Arrigorriaga es el último crimen perpetrado por la banda terrorista ETA. Todo parece indicar que los etarras han ido a por un policía que, como miembro de la Brigada de Información de la Policía Nacional, les seguía la pista. Los asesinos le han matado el día en el que se cumplían 27 años del mayor crimen perpetrado por esta organización: la matanza de Hipercor, en Barcelona, atentado en el murieron, también abrasadas, 21 personas y otras 45 resultaron heridas.
El último atentado mortal de ETA se había producido el pasado 3 de diciembre cuando un pistolero de la organización terrorista asesinó al empresario Ignacio Uría Mendizábal en Azpeitia, Guipúzcoa.
Aunque la banda terrorista está en su momento más débil, ETA todavía no ha sido vencida, a pesar de la eficacia desplegada por policías y guardias civiles, tanto en España como en Francia. Los terroristas siguen organizados, siguen teniendo capacidad operativa y mantienen con criminal determinación sus objetivos políticos. Se pone en evidencia la imperiosa necesidad de que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado redoblen sus esfuerzos para identificar y detener a los asesinos.
Por otro lado, éste es el primer atentado con Patxi López como ‘lehendakari’. Sin duda, este hecho tiene su significación política. Pero también es el primer atentado con el PNV como principal partido de la oposición en el País Vasco. Cada vez se hace más necesario que la sociedad vasca empiece a vivir en un país normal, en un país democrático, en el que nadie mata por ideas políticas. Ahora más que nunca todas las fuerzas políticas tienen que estar unidas para acabar con la banda de asesinos. En este proceso, el PNV – en cooperación con el nuevo ‘lehendakari’– tiene un papel fundamental en el fin de ETA.