Jueves, 09 de septiembre de 2010 - 9:50 h
Carsten Moser
Fundación Bertelsman
20-06-2009 22:13

Reglas para un buen diálogo

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Leo, veo y escucho más reproches, acusaciones y hasta difamaciones que se hacen gobierno y oposición, patronales y sindicatos, intelectuales de derechas y de izquierdas, cada vez que hablan de la crisis económica mundial, la angustiante problemática del paro masivo y los retos que tiene ante sí España si quiere salir del pozo en el que se encuentra. Por eso, cuando me pidieron que diera una conferencia sobre “El diálogo como herramienta para la acción a favor del desarrollo humano”, por motivos de la presentación del libro “Un diálogo entre Oriente y Occidente” de Daisaku  Ikeda y Ricardo Díez Hochleitner (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), acepté el desafío, explicando diez mandamientos o reglas de oro para un buen diálogo, síntesis de reflexiones que me gustaría compartir hoy con usted, estimado lector.
La Real Academia Española define en su diccionario usual “Diálogo” de las siguientes maneras: primero, plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos; segundo, obra literaria, en prosa o verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes; y tercero, discusión o trato en busca de avenencia.
Para que no sea un diálogo de besugos, que según la Real Academia es una “conversación sin coherencia lógica”, la primera regla para el diálogo sería: no intercambies información ni comuniques pensamientos, sentimientos y deseos sin conocimiento de causa.
La segunda regla sería: defiende tu posición de forma decidida. En un estudio que se hizo a finales de los 90, la prestigiosa politóloga alemana Elizabeth Noelle-Neumann comprobó que en los Kibbuz de nueva fundación en Israel, los líderes que emergían eran los que más interés tenían en saberlo todo, preguntando, profundizando, reflexionando. Para mí sigue siendo una gran noticia que no por ser el más fuerte o el que más grita se convierte uno en líder, sino por tener más conocimientos y saber defender su punto de vista con argumentos convincentes.
La tercera regla: comunica con educación. Federico Mayor Zaragoza, ese español universal que ha recorrido mundo defendiendo la paz, la educación, la cultura y el desarrollo sostenible, podría haber dicho “Comunicación sin educación es peligroso, pero educación sin comunicación es inútil”. Digo podría haber dicho porque después le citaré con algo que dijo hace poco utilizando el mismo juego de palabras.  
La cuarta: respeta al que habla y escúchale antes de responder. Para que la conversación no desemboque en un “diálogo de sordos”, que como describe la Real Academia es una “conversación en la que los interlocutores no se prestan atención”. En la política tenemos miles de ejemplos . Qué lejos quedan en nuestros recuerdos los “Pactos de la Moncloa”.
La quinta: admite las opiniones de los demás. A esto normalmente lo llamamos tolerancia, lo que no significa rendición de mis ideas propias, sino enriquecimiento de las mismas a través de la incorporación de argumentos del interlocutor que sean consecuentes con mi línea de pensamiento. No hay nada peor que el fundamentalismo, el rencor y la envidia, no hay nada mejor que ir sumando cada día nuevas experiencias, nuevos conocimientos y nuevas verdades en el entorno de los valores que he definido para mí y de las metas en el horizonte que me he marcado.
La sexta: cuando el diálogo se ha agotado, hay que ponerle fin. Es verdad que hay ocasiones en las que una conversación entre dos o más personas se nos queda corta, y eso nos deja una sensación de frustración por saber más. Pero también es verdad que hay ocasiones en las que las conversaciones se nos hacen eternas, con argumentos que se repiten o agotan, y eso nos deja con la sensación de frustración por aburrimiento.
La séptima: después de un diálogo reflexiona y saca tus propias conclusiones del mismo. En caliente se dicen muchas cosas desordenadamente, de forma espontánea y expresiva. Es bueno, por lo tanto, reflexionar sobre la forma y el fondo de la conversación, para sacar las consecuencias adecuadas para uno mismo y para posteriores encuentros.
La octava: utiliza el diálogo como herramienta para la acción a favor del desarrollo humano. Parafraseando a Federico Mayor Zaragoza una vez más, diría que “Acción sin diálogo es peligroso, pero diálogo sin acción es inútil”.
La novena: en ese proceso de acción no tengas miedo a asumir riesgos. Porque, como apuntaba Federico Mayor Zaragoza hace poco en la presentación de otro libro que homenajeaba a Ricardo Díez Hochleitner, y aquí sí le cito correctamente, “Riesgo sin conocimiento es peligroso, pero conocimiento sin riesgo inútil”.
Y así, llegamos a la décima regla: en el proceso de acción siempre intenta tender puentes, los más posibles; entre oriente y occidente entre norte y sur, entre ricos y pobres, entre más y menos educados, entre optimistas y pesimistas, siempre premiando a los que están a favor del desarrollo humano en un mundo menos egoísta y más solidario, menos bélico y más pacífico, menos destruido y más sostenible. Porque sólo así avanzaremos hacia un mundo más civilizado.

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