El comienzo de mes de julio permite cambiar de expresión a muchos compatriotas. Hasta ahora, y para un buen número, era el comienzo de un periodo vacacional, de descanso, de diversión, es decir, de ruptura con la monótona continuidad que se había soportado desde el comienzo del otoño anterior. Por otra parte, los más afortunados han dejado atrás todas esas preocupaciones e inquietudes que supone la recopilación de hojas de salarios, certificación de retenciones, notas de Bancos y Cajas, reunión en fin de todos los justificantes que deben conservarse, para facilitar la adecuada cumplimentación de la declaración del Impuesto sobre la Renta.
Dentro de poco sabremos cuántos se verán privados este año del descanso y tendrán que continuar con la monotonía anterior. Claro que siempre habrá alguien que, desde el mundo oficial, trate de insuflar optimismo y dirá que de este modo se producirá una notable reducción en la emisión de CO2 y con ello se podrá afrontar el tiempo venidero con una atmósfera más limpia. Ciertamente ya lo hemos escuchado, aunque por otros motivos, por boca de la señora ministra de Economía y Hacienda. Así que permanezcan tranquilos, incluso será mejor que no disfruten vacaciones, gastarán menos y comenzarán el curso académico con un poco más de dinero en el bolsillo, poquito más.
En cuanto a los afortunados, unos se encontrarán con algo menos de dinero en sus cuentas; a lo ya pagado anticipadamente a lo largo del año 2008, todavía habrán de añadir una cantidad para completar la satisfacción de su deuda tributaria. Otros, a la vista del resultado de su declaración dirán “me sale a devolver” y se van tan contentos; las más de las veces pura ilusión, miren en la casilla 741, cuota resultante de la autoliquidación, ahí está el importe real de la imposición para cada uno; la devolución ahora no significa otra cosa que un pago anticipado superior al que resulta debido, y eso sin percibir intereses. En suma han estado financiando gratuitamente a la Hacienda Pública.
Unos y otros se comportan como ciudadanos ejemplares. Solo esperan verse correspondidos por aquellos en quienes, un día, han depositado su confianza. Pero éstos están demasiado ocupados en resolverles sus problemas. Estamos seguros que si preguntan a los ciudadanos, también podrán divertirse; claro que no disponen de tiempo para escuchar.