En Galicia se están sucediendo acontecimientos impropios de un país desarrollado sujeto a un Estado de derecho. Pero el problema no está solo en la Xunta. La mayoría de las cosas afectan también a la Oposición y a la propia sociedad civil, si es que existe tal y como es entendida en los países avanzados.
Vayamos por partes. Ayuntamientos en los que ni siquiera hay arquitecto municipal van a poder autorizar que se construya como les venga en gana en la Galicia rural, de por sí toda una desfeita urbanística, a la que uno se puede asomar tanto yendo por las pistas de la parcelaria como viendo de cerca los mapas de este pequeño país en Google. Es una idea del Gobierno de Feijóo que, lejos de levantar de sus asientos a los grupos de la Oposición, está siendo asumida como si aquí no pasase nada. A lo mejor les parece más interesante explicar las diferencias de matiz entre Máis BNG y la UPG, o salvarle la cara a Zapatero en la lamentable financiación de una Galicia que ahora ya sabe el precio de no tener un buen Estatuto de autonomía. Alucinante.
Claro que tampoco está nada mal esa vergüenza que pasan un día sí y otro también los que están obligados a defender el gallego desde las instituciones y encima le ríen las gracias a un Feijóo que casi les echa la bronca por andar rexeitando con la boca pequeña. Vergonzante.
En Galicia estamos a punto de jugarnos las cajas de ahorros, que es de las pocas cosas grandes que nos quedan, y resulta que una parte importante de nuestra clase política, que no se entera de nada, se dedica a decir tonterías sobre asuntos económicos de tercera división. Mientras, los pobres paisanos de las aldeas engalanan sus tractores para que los gallegos del asfalto se enteren la semana que viene de su desesperación, víctimas de la caída libre de los precios de la leche. Aquí hay dinero hasta comprar motos pero no para los ganaderos. Injusto.
Los jóvenes informáticos gallegos quieren abrirse paso desarrollando el software libre y su Gobierno se acuesta con Microsoft, que encima se lleva una pasta de los impuestos que pagan los chavales y sus padres. Deprimente.
Según el ex rector Carlos Pajares, con una cuartilla y un lápiz se pueden calcular en menos de una hora los resultados de participación en la encuesta manipulada sobre el gallego, pero esa tarea le llevará ¡un mes! al peculiar conselleiro de Educación, se supone que con programas de Microsoft. Desolador.
Menos mal que nos queda Lendoiro y que el Deportivo abrirá la Liga jugando en el Santiago Bernabéu contra el Real Madrid de Cristiano Ronaldo. Pan y circo, que no falte.
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P.D.: Lástima, por cierto, que quien se sintió capaz estos días de poner a Feijóo contra las cuerdas utilice su poder solo en su propio beneficio, y no en el de todos los gallegos. Pero de eso ya hablaremos otro día, que no siempre procede escribir de quienes presumen de poner y quitar presidentes.