Mira por donde, un informe de Turespaña pudiera dar la clave para salir de la crisis. El turista gay gasta un 30% más que la media. Un promedio de 130 euros diarios. ¿Razones? Siempre según el informe, este tipo de turista suele viajar solo o con su pareja, sin prole, sin suegra y sin otras cargas familiares. Cargas que en una familia heterosexual obliga a recortar las vacaciones, cuando no a suprimirlas, a buscar alojamientos de bajo coste, rellenar las botellas de agua en fuentes públicas y tirar de bocadillo. Por el contrario, el gay (lo dice también el Instituto español) se aloja en hoteles de alto nivel, tiene gustos refinados y caros, dispone de mayor libertad de movimiento y le va la marcha, la festiva, y como es natural, también la otra. En una palabra, los gays aplican sin reparos lo de ¡a vivir, que son días! Tiran la casa por la ventana, en vacaciones. Y lo hacen sobre todo en ocio y diversión, moda, tecnología, estética y gastronomía.
Zapatero y su gobierno se pasaron el verano devanándose los sesos (parece que también los sexos, a tenor de alguna de las ocurrencias) para instrumentar, como dicen ellos, y sin resultado apreciable, medidas que activen el consumo, animen la inversión y nos saquen de esta puñetera angustia económica: rebajas en el impuesto de sociedades para las pymes, subvenciones directas a la compra de coches, ayudas a los emprendedores, a las iniciativas tecnológicas, a la innovación, al transporte, deducción de impuestos por la compra de vivienda, subsidios a los desempleados de larga duración (los polémicos cuatrocientos euros), y para sufragar todo eso, un aumento (¿“limitado y temporal”?) de los impuestos que vamos a pagar justos por pecadores.
Y digo yo, ¿no sería más sensato seguir la clave que nos da Turespaña? El colectivo gay parece inmune a los efectos de la crisis. Al parecer, ellos son los únicos que conservan intacta la capacidad de gasto. La oposición critica la desorientación del Gobierno ante la crisis. Yo pienso lo mismo. No he observado medida alguna que incentive las salidas del armario.
Para reanimar la economía ya no se puede contar con los heterosexuales. Somos un colectivo caduco, conservador en el consumo, retraído, acomplejado, abrumado por nuestras cargas familiares, los hijos, la hipoteca, la suegra, y nuestro mismo modo de ser, que a mí se me antoja arcaico y decadente frente al poderío gay que se hace notar en los lugares más glamourosos y caros, en su ropas, en sus coches, en lo que comen, en lo que beben y en lo mucho que se divierten. La reactivación del consumo pasa por ellos.