La publicación de una foto de la familia Zapatero con los Obama ha desatado varios hilos de conversación. Está el ético-periodístico sobre si debemos o no los medios hacernos eco de la imagen de las hijas del presidente del Gobierno español, unas menores en un acto ¿privado? Y luego está el debate de chascarrillo, ese que versa sobre el estilo que lucen. “¡Son góticas!” Ese es el comentario se repite y fluye como un río por la Red. Y digo yo… y si son góticas ¿qué más da?
Que les gusta el negro, pues miren, a mí también. Más de una vez he tenido que escuchar sesudos análisis psicológicos acerca de esa tendencia mía por el luto, como si llevase aparejado un estado anímico de eterna pena. Pues no es el caso. El negro es básico, rotundo, elegante y combinable con todo. También se vincula el uso del negro y las tachuelas metálicas al radicalismo, a una actitud contestataria y rebelde… Me pregunto qué tiene de malo ser crítico y rebelde mientras tu crítica sea constructiva. Ya lo decía Loquillo: “Voy de negro y me preguntas el por qué…” Pues porque sí y además ¿por qué no?
¿No se puede ir a ver al presidente de los EEUU con túnica, muñequeras con tachuelas y botas militares? ¿Quién fue el listo que inventó un protocolo que no se adapta a las tendencias? Quien quiera que fuese, que se reinvente, que evolucione y que deje de prejuzgar por las apariencias. ¿Ha de medirse la educación de una dama en función del alto del tacón que usa? Hombre, como mucho podríamos hablar de lo pronunciado de un escote o de la cortedad de una falda según la ocasión. Pero, desde el respeto, cualquier look es admisible.
Siendo adolescente, una maestra me soltó un contundente discurso sobre cómo mi modo de vestir me definía ante ella y ante el mundo como alguien “a quién no contrataría ni para fregar platos”. Me conocía únicamente de cruzase conmigo en los pasillos. Me dio clase al año siguiente. Comprobó que el cuero negro y mi estilo rockero, no me impedían contar ni con educación, ni con cerebro. Creo que hasta comprendió que fregar platos no me parecía una profesión menor y que, si pretendía ofenderme, no lo logró. Su actitud hacia mí giró 180 grados. Simplemente tenía que mirar debajo del envoltorio.
Encasillar a las personas por cómo visten, ubicarlas sociológicamente por su estilo a la hora de vestir puede constituir un gran error. Lástima de aquellos que se quedan en la cáscara del huevo y no tienen curiosidad por el polluelo que esconde en su interior y que tanto tiene que ofrecer al margen incluso del tono de sus plumas.
Obama, primer presidente de raza negra de los Estados Unidos, es un ejemplo de que el exterior no debe condicionarnos. Lo importante está en el interior, en el cerebro, en las ideas, en la capacidad de trabajo, en la entrega, en el sacrificio, en la iniciativa y en un montón de cosas más que no tienen nada que ver con la apariencia. Con capacidad y tiempo, no hay barrera insalvable.
¿Y saben lo peor? Que ustedes y yo estamos hablando de la cáscara, de la anécdota, del chascarrillo…
Si son o no góticas las hijas de ZP ¡qué más da!
Lo que importa es lo que decida el G-20 y de eso, también informamos los medios, pero parece interesar mucho menos.